lunes, 3 de mayo de 2010

Parashá BeHar – B’jukotai

Resumen Parashá BeHar – B’jukotai


"Habló Hashem a Moshé diciendo: Habla con los hijos de Israel y diles: Cuando vengan a la tierra que Yo les entrego a ustedes, descansará la tierra un descanso para D'os" (Vaikrá 25:2).


Al meditar sobre la mitzvá de la shemitá, nos parece muy interesante el hecho de darle un año de descanso a la tierra. Pero en realidad, este precepto es uno de los más difíciles de cumplir, ya que a nadie le es fácil cerrar su negocio durante doce meses, y más todavía en aquellas épocas donde la economía del país principalmente estaba basada en el área agropecuaria.


Dejar descansar la tierra por tanto tiempo significaba un riesgo muy grande para la estabilidad económica del pueblo. Seguramente, la opinión de los economistas de esa época era que esta mitzvá no es muy práctica. Si cualquier programa económico se puede ver perjudicado por su cumplimiento, mucho más perjudicial será para un pueblo que recién comienza a desarrollar su economía.


El pueblo judío se enfrentaba a una prueba muy difícil. Por un lado, estaba el deseo de cumplir con el precepto de D'os, y por el otro, se encontraba el riesgo de tener pérdidas económicas muy grandes.


Realmente, la finalidad de esta mitzvá es que el judío ponga en práctica su fe en D'os y no que la tierra descanse para ser más fértil. Si la Torá buscaría el mejor provecho de la tierra, pediría que descanse cada tres años, y de esta manera explotaría mejor su potencial. Pero esto no es así. La única finalidad de esta mitzvá es fortificar nuestra fe en D'os.


La pregunta es: ¿Cómo se puede adquirir esta fe?


El comienzo de la orden del cumplimiento de la mitzvá de shemitá nos da una fórmula para renovar constantemente nuestra fe en D'os, y consecuentemente poder cumplir esta mitzvá como es debido:


"Cuando vengan a la tierra que Yo les entrego a ustedes…" .En estas palabras se encuentra el secreto. Lo que D'os le está diciendo al pueblo es: "Recuerden cómo les entregué la tierra. Todos los milagros que les hice cuando la conquistaron".


En ese momento, el judío que tenía que poner en práctica la mitzvá de la shemitá comenzaba a recordar todos los milagros que vivió en el desierto y en las guerras de conquista de la tierra de Israel. La comida y el agua les llegó de manera milagrosa durante cuarenta años en el desierto.
Además, las armas que poseían no eran de lo mejor, ya que las posibilidades de fabricar armamento en el desierto eran muy limitadas, y para poder asentarse en la tierra de Israel, tenían que vencer a treinta y un reyes muy poderosos. Finalmente, grandes imperios salieron a la guerra, mas este pequeño y humilde pueblo logró vencerlos.


Otro hecho que estaba bien grabado en sus corazones, fue la conquista de la ciudad de Ierijó - Jericó (Iehoshúa cap. 6). Esta ciudad estaba amurallada, lo que dificultaba mucho la conquista. Entonces D'os le dijo a Iehoshúa que entregará a Ierijó en sus manos, y le pidió que el ejército rodee la muralla durante siete días y cada día den una vuelta alrededor de la ciudad, y en el séptimo día siete vueltas.


Siete cohanim tocaban el shofar una vez al día, pero en el séptimo día tocaron siete veces. Para finalizar, debían tocar un sonido muy largo, y en ese momento lo haría también el resto del pueblo.


El pueblo, sin dudarlo, escuchó a Iehoshúa y comenzó a cumplir la orden. Los soldados enemigos se burlaban de lo absurdo que era ver a todo un ejército caminar sin sentido alrededor de las murallas.


Llegó el séptimo día y al finalizar la última vuelta comenzaron a mezclarse los sonidos de los shofarot de los cohanim con los del pueblo. En ese momento, las murallas que parecían invencibles se hundieron en la tierra, y el pueblo de Israel logró vencer al enemigo, conquistando Ierijó.


La finalidad de reflexionar acerca de los milagros que D'os nos hizo en el desierto y durante la conquista de la tierra, no es para esperar otro milagro, sino para asentar en nuestros corazones la fe de que hay un Ser Superior que dirige todo lo que ocurre en el universo.


Siendo así, no debemos temer por las supuestas consecuencias negativas que podemos llegar a tener por el cumplimiento de las mitzvot en general, y de la mitzvá de la shemitá en particular. D'os no va a perjudicar a nadie por el cumplimiento de las mitzvot, sino que por el contrario, siempre lo beneficiará.


El Talmud, en el tratado de Taanit, nos relata un vívido ejemplo de esto:
En la época del Bet Hamikdash los judíos ascendían a Jerusalem tres veces al año, en las festividades de Pesaj, Shavuot y Sucot.


En una ocasión, peligraba la llegada de los miles de judíos a Jerusalem, ya que no había agua para beber, por falta de lluvias.


Nakdimón Ben Gurión era uno de los millonarios más importantes de Jerusalem, y para darle la posibilidad a los judíos de cumplir con la mitzvá de visitar el Bet Hamikdash en la fiesta, se dirigió a donde habitaba un árabe que tenía doce pozos de agua para pedirle permiso para que las personas pudieran usarlos.Él le dio gran parte de su riqueza como garantía de que si no se llenarían nuevamente los pozos hasta una fecha determinada por falta de lluvias, el árabe podría quedarse con esa suma de monedas de oro, y le daría algunas más.


Durante la fiesta los judíos volvieron a llenar las calles de Jerusalem, pero esta vez fue por mérito de este gran judío.


La fecha del vencimiento del arreglo se iba acercando, mas la sequía continuaba. A pesar de todo, este judío disfrutó de la fiesta como si hubiese recuperado todo su dinero.


El día llegó, pero no se veían señales de lluvia. Era un día soleado, sin una nube en el cielo.

Entonces el árabe le envió un emisario a Nakdimón diciendo que tenía que terminar de pagarle la suma fijada, pues la fecha había llegado y los pozos de agua no se llenaron nuevamente.


Sin embargo, Nakdimón le respondió que el día todavía era largo y que había mucho tiempo hasta la puesta del sol.


Al retirarse el emisario, Nakdimón fue al Bet Hamikdash envuelto en su talit para rezarle a D'os, sabiendo que quedaba muy poco tiempo, y oró con todo su sentimiento pidiéndole lluvias.
Mientras Nakdimón seguía pidiendo, el árabe comenzó a prepararse para tomar posesión de esa gran cantidad de dinero, y a las horas del mediodía envió otra vez a su emisario, pero la respuesta de Nakdimón fue la misma.


Al atardecer, faltando pocos minutos para la puesta del sol, llegó el emisario delante de Nakdimón para pedirle que se presentara delante de aquel árabe. Ya todo estaba definido, todos sabían que Nakdimón ya no sería el millonario que siempre fue.


A pesar de que ya no habían muchas posibilidades de que algo cambie, Nakdimón fue nuevamente a rezar y le dijo a D'os: "Tú sabes muy bien que no lo hice por mi honor ni por el de mi padre; sólo busqué incrementar Tu honor en el mundo.Por favor demuéstrale al mundo que lo hice por Ti".

En ese momento el cielo se llenó de nubes, e inmediatamente comenzó a llover torrencialmente y los pozos se llenaron de agua otra vez.


El árabe le dijo a Nakdimón: "De acuerdo! Llovió. Pero probablemente ya es de noche y no podemos comprobarlo pues las nubes cubren todo el cielo".


Sin perder las esperanzas, Nakdimón regresó al Bet Hamikdash y le pidió a D'os que vuelva a santificar Su Nombre.


Entonces, las nubes desaparecieron hasta que se volvió a ver el sol.


El árabe le dijo a Nakdimón: "Así como todos los presentes sabemos, ya tendría que ser de noche.Pero yo no puedo hacer nada si vuestro D'os siempre hace milagros para ustedes".


Esta historia refleja claramente lo que explicamos al comienzo. D'os no pide que cumplamos mizvot para perjudicarnos, sino sólo para beneficiarnos. Pero por otro lado, si no hubiese sido por la firme confianza que Nakdimón tuvo en D'os, el milagro no hubiese ocurrido.

Quien vive con una plena confianza en Hashem, aunque a primera vista pueda llegar a pensar que se verá perjudicado de alguna u otra manera por cumplir con Sus preceptos, finalmente se dará cuenta de que sólo obtendrá beneficios de ello.

Resumen de Haftarat BeHar – B’jukotai

La haftará de esta semana ha sido extraída del libro del profeta Irmiahu, y en ella encontramos que el profeta describe dos categorías de personas, que utilizando un lenguaje moderno podríamos llamarlos: los "hombres de fe" y los "ateos":

"Así ha dicho D'os: Maldito es el hombre que confía en el hombre; pone a alguien de carne y hueso como ayuda para él, y de D'os se desvía su corazón. Será como un árbol en el desierto, no verá cuando venga lo bueno, y morará en la sequía del desierto, en una tierra salina, sin habitantes" (17:5-6)

Por un lado el profeta nos muestra la gravedad de los ideales del "ateo" y el futuro que le espera a él. Pero no debemos equivocarnos en el entendimiento de estos versículos. No es incorrecto buscar ayuda en el prójimo, pero si él "pone a alguien de carne y hueso como ayuda para él" y como consecuencia de esa actitud "de D'os se desvía su corazón", entonces él "será como un árbol en el desierto".

Por apoyarse solamente en el poder que cree tener, aunque D'os lo quiera ayudar, este hombre "no verá cuando venga lo bueno" - pues lo bueno sin duda llegará, mas él no podrá obtener beneficio de ello, ya que no podrá ver, es decir, entender cómo funciona la benevolencia Divina.

Sin embargo, también se encuentra el "hombre de fe":

"Bendito es el hombre que confía en D'os; D'os será su protector.

Será como un árbol plantado sobre el agua, en el curso de agua echará sus raíces y no sentirá cuando venga el calor; estarán sus hojas húmedas y en años de sequía no se preocupará, y no dejará de dar frutos" (17:7-8)

Por cuanto que él confía en D'os, Su Creador lo protegerá y éste sí podrá ver Su bendición.

La Mishná al final del tratado de Peá, al referirse a la importancia de la tzedaká (caridad), cita nuestro versículo y dice:

"…Todo el que no necesita tomar [de la caridad] y lo hace, no se irá de este mundo hasta que necesite de las personas. Mas todo el que necesita tomar y no lo hace, morirá en ancianidad habiendo mantenido a otros hombres con su dinero, y sobre él dice el versículo: 'Bendito es el hombre que confía en D'os; D'os será su protector' (Irmiahu 17:7)…" (Peá 8:9).

Es fácil entender que este pasuk que trajo la Mishná, habla de la importancia que tiene el hecho de que el pobre confía en D'os albergando en su corazón la continua esperanza de que su Creador le enviará rápidamente su sustento, y que por no haber tomado de la tzedaká pública - a pesar de que podría haberlo hecho - D'os lo recompensará proveyéndolo de todas sus necesidades.

Pero, ¿De dónde aprendió nuestra Mishná que él además, morirá después de largos y buenos años de vida, y que también él podrá ayudar económicamente a otros pobres?

Respondiendo a esta pregunta el Maharshá (Rabí Shemuel Eliézer Haleví Idels, 1555 - 1632) nos explica que en los versículos anteriores al nuestro dice el profeta:

"Maldito es el hombre que confía en el hombre; pone a alguien de carne y hueso como ayuda para él, y de D'os se desvía su corazón", y ese pasuk está haciendo referencia a quien no debe tomar de la tzedaká y a pesar de eso lo hace.

Es por eso que el Maharshá nos explica que nuestro versículo que dice:

"Bendito es el hombre que confía en D'os, D'os será su protector", seguramente está refiriéndose a la persona que podría tomar de la tzedaká mas no lo hace.

Y ahora comprendemos todo, pues vemos que en el versículo siguiente, dice el pasuk respecto de esa persona que no desea tomar de la caridad: "Será como un árbol plantado sobre el agua" - pues tendrá abundancia de alimentos; "en el curso de agua echará sus raíces" - es decir que también tendrá suficiente sustento para alimentar a otros, "y no sentirá cuando venga el calor, estarán sus hojas húmedas y en años de sequía no se preocupará, y no dejará de dar frutos" - es decir que no fallecerá sin haber entrado en la ancianidad después de haber vivido maravillosos años de vida plena.

Pero la tzedaká no sólo le trae la bendición al individuo en particular. Nuestros Sabios en la Toseftá también nos enseñan acerca de la importancia de la tzedaká para el pueblo de Israel en su totalidad:

"Dijo Rabí Elazar Bar Iosí: ¿De dónde aprendemos que la tzedaká y las buenas acciones traen una gran paz e interceden para bien entre Israel y su Padre celestial?

Como está escrito: 'Pues así dijo D'os: No te acerques a la casa del deudo, ni vayas a lamentarlo, ni los consueles, pues ha finalizado Mi paz con este pueblo - palabra de D'os - la benevolencia y la misericordia' (Irmiahu 16:5).

'La benevolencia' - se refiere a las buenas acciones y 'la misericordia' se refiere a la tzedaká. De aquí aprendes que la caridad y las buenas acciones traen una gran paz e interceden para bien entre Israel y su Padre celestial" (Toseftá Peá 4:20).

Rabí Shemuel Avigdor de Karlín en su comentario "Minjat Bikurim" nos explica que D'os le dijo al profeta Irmiahu que no vaya a consolar a deudos, es decir que no haga buenas acciones con ellos, ya que D'os había hecho que concluya Su paz con Su pueblo porque ellos también dejaron de hacer la benevolencia y la misericordia.

Pero si las personas del pueblo no hubieran interrumpido su benevolencia (buenas acciones) y su misericordia (tzedaká) entre ellos, Él no hubiera hecho esto, y hubiera habido paz entre Él y Su pueblo Israel.

Es por eso que no debemos abandonar este preciado precepto, ya que su cumplimiento nos trae una triple bendición para nuestra vidas: en el campo de lo material, en lo espiritual (ambas en este mundo) y también nos asegura un lugar en el mundo venidero.

Perla de la Parashá BeHar – B’jukotai

"Si con mis leyes os encaminaréis y Mis mandamientos cuidarán…" (Vaikrá 26:3).

En parashat Bejukotai vemos que la clave de la existencia del pueblo judío es el estudio de la Torá. El comentarista Rashí nos explica que la falta de estudio de Torá es la causa que provoca que las personas no cumplan las mitzvot, y que además no les guste que otros las cumplan. Estas personas, con el correr del tiempo, pueden incluso llegar a negar la existencia de D-os, y como es sabido esta fue una de las causas principales de la destrucción del Templo.

El estudio de la Torá ha salvado al pueblo judío de la desaparición y es la causa principal por la cual Mashiaj llegará, si D'os quiere prontamente, para redimir al pueblo judío.

"Si con mis leyes os encaminaréis y Mis mandamientos cuidarán…" (Vaikrá 26:3).

En parashat Bejukotai vemos que la clave de la existencia del pueblo judío es el estudio de la Torá. El comentarista Rashí nos explica que la falta de estudio de Torá es la causa que provoca que las personas no cumplan las mitzvot, y que además no les guste que otros las cumplan. Estas personas, con el correr del tiempo, pueden incluso llegar a negar la existencia de D-os, y como es sabido esta fue una de las causas principales de la destrucción del Templo.

El estudio de la Torá ha salvado al pueblo judío de la desaparición y es la causa principal por la cual Mashiaj llegará, si D'os quiere prontamente, para redimir al pueblo judío.

domingo, 25 de abril de 2010

Parashá Emor

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Resumen Parashá Emor

Vivir Reflejando Su Nombre

Continuando y complementando el pedido de la Torá del comienzo de la parashá pasada el cual dice: "Santos serán pues Yo Soy Santo…" (Vaikrá 19:2), en esta parashá encontramos que D'os nos ordena: "Y cuidarán Mis preceptos y los harán; Yo soy Hashem.Y no profanarán Mi Sagrado Nombre, y seré Santificado en medio de los hijos de Israel; Yo soy Hashem que os santifica" (Vaikrá 22:31,32).


La intención de estos versículos es enseñarnos que sólo podremos lograr santificar realmente el Nombre de D'os a través del exacto cumplimiento de los preceptos.


El Rab Shimshón Refael Hirsch explica:


"El Santuario de D'os se encuentra dentro de cada judío, y tiene por objetivo conseguir que el Nombre de D'os resida dentro de cada uno.Si logramos hacer esto, el Nombre de Hashem se verá reflejado en nosotros".


La única manera que tenemos para lograr esto, es mediante el cumplimiento de los requisitos que están citados en la Torá, ya que sólo a través de ellos podremos conseguir que el Nombre de D'os resida en nuestro propio santuario interior.


Ese valor tan importante será considerado por nosotros como "santo", cuando coordinemos cada movimiento que hacemos en base a él. Si cumpliremos cada requisito que cita la Torá lograremos llegar a la finalidad, mas si no los cumplimos nos alejaremos de la meta y estaremos profanando el Nombre de D'os.


Esta idea ha sido manifestada en el versículo que dice: "Y verán todos los pueblos de la tierra que el Nombre de Hashem se refleja en ti" (Devarim 28:10).


Si viviésemos de la manera que la Torá nos pide, los demás pueblos verían una conducta especial en nosotros. Pero de momento que dejamos de lado el deseo de D'os, para preocuparnos por hacer solamente el nuestro, el Nombre de Hashem que está dentro de nosotros es profanado.


Esta es la equivocación de quienes piensan que alcanza con ser un buen judío en el sentimiento, aunque ese sentimiento no se vea reflejado en sus acciones.


Quien quiera ser judío nada más que en el sentimiento, técnicamente tendrá dificultades para santificar el Nombre de D'os, por el simple motivo de que nadie puede saber qué es lo que él siente, pero quien practica ese judaísmo que siente, manifiesta que lo hace por D'os, logrando así santificar Su Nombre.


Y esto es lo que ocurrió con Bilam cuando se propuso maldecir al pueblo de Israel diciendo: "Pues desde la cima de los montes lo veo y desde las colinas lo diviso; un pueblo que reside solitario y no es considerado entre los demás pueblos" (Bamidbar 23:9).


Rashí explica que la intención de Bilam al comienzo del versículo fue decir: "Yo observo su inicio y el comienzo de sus raíces, y los veo bien asentados y fuertes como los montes y las colinas, mediante sus patriarcas y matriarcas".Consecuentemente, ellos logran mantenerse apartados, sin asimilarse entre los demás pueblos.


Luego de esa primera impresión, Bilam agrega: "Que muera mi alma una muerte de justos, y que sea mi final como el de ellos" (versículo 10). Es decir que al ver que el pueblo judío era un pueblo especial, Bilam deseó morir como ellos.


Vemos que el pueblo judío mediante su conducta logró santificar el Nombre de D'os, hasta tal punto que alguien que los odiaba tanto como Bilam pudo llegar a ver la gran virtud del pueblo, y por eso tuvo admiración de ellos .Pero la equivocación de Bilam fue que pidió morir como un judío ejemplar - y no vivir como tal.


La grandeza de los judíos no reside solamente en el hecho de que durante toda la historia de nuestro pueblo entregaron su vida para morir como judíos fieles, sino que a pesar de todas las persecuciones lucharon por vivir cada instante según los preceptos de la Torá, a pesar de que el costo era, a veces, muy alto.


Uno de los desafíos más grandes que tenemos en nuestra generación es poder vivir aferrados a nuestras raíces, sin ser arrastrados por la fuerte corriente que nos rodea. Esta cualidad la encontramos en Abraham Avinu, como lo atestigua el versículo: "Y Abraham era anciano; entrado en años" (Bereshit 21:1).

Nuestros Sabios explican que la intención de la Torá al decir que Abraham había "entrado en años" es enseñarnos que cada día de su vida fue aprovechado al máximo, para llegar al objetivo final que quería alcanzar: vivir cada instante según el deseo de D'os, y de esta manera darle a Él satisfacción.


Si hemos decidido tomar la decisión correcta, podremos santificar el Nombre de D'os que está en nuestro corazón. Consecuentemente Su Nombre también será santificado a ojos de los demás pueblos y habremos logrado demostrar por qué somos el pueblo elegido.

Resumen de Haftarat Emor

"Los sacerdotes - que provienen de los levitas - los hijos de Tzadok, que han cuidado la observancia de Mi Santuario mientras el pueblo de Israel se desviaba de Mí, ellos serán los que se acercarán a Mí para servirMe…" (44:15).

Con estas palabras comienza la haftará de nuestra semana. Tzadok fue el primer Cohén Gadol (Sumo Sacerdote) que sirvió en el primer Templo de Jerusalem, en los días del rey Shelomó - constructor del mismo.

En nuestra haftará nos encontramos con una profecía en la cual el profeta - en nombre de D'os - nos muestra una imagen de lo que será el servicio a D'os en las épocas del tercer y definitivo Templo de Jerusalem - que sea reconstruido rápido y en nuestros días - y nos dice que los descendientes de Tzadok, es decir los sacerdotes, serán los que en él servirán, ya que ellos no se desviaron del servicio a D'os cuando muchos de los hijos de Israel se desviaron en pos de la idolatría

El Rav Naftalí Maskil Leetán en el libro "Cojav Miiaacov" nos dice que existen tres parámetros que deben ser tomados en cuenta al juzgar las acciones de los hombres, si son buenas o malas

El primero de ellos es considerar quién realiza la acción. Por ejemplo, si dos personas dan la misma cantidad de dinero como tzedaká (caridad) a un pobre, de todas maneras puede ser que a uno se le considere que hizo una gran mitzvá pero no así al otro, ya que no es lo mismo si un millonario dá cien dólares de tzedaká que si los dá un judío de clase media.

Lo mismo ocurre respecto del pecado. D'os es más riguroso en el juicio con el judío piadoso y justo que con un judío simple, a pesar de que el pecado cometido haya sido el mismo. En el ejemplo, si alguien entrara a una escuela y vería que el maestro está hablando con dos de sus alumnos porque ellos no estudiaron bien la lección, y a uno lo castiga y al otro no, ese hombre le preguntaría al maestro por qué hace diferencias entre sus alumnos reprendiendo a uno más duramente que al otro, a pesar de que la falta de ambos es similar. El maestro le respondería que en realidad el nivel de entendimiento de estos dos alumnos no es similar, y al que sí estaba capacitado para comprender la lección él reprendió y no al otro, ya que su falta no fue tan grave.

El segundo de los parámetros a considerar es el lugar donde la acción es realizada - ya que no se asemeja quien peca en privado a quien peca en un lugar en el cual él es conocido, o a quien peca en público.

Y el tercer parámetro a tomar en cuenta es el tiempo en el que la acción es realizada, como dijeron Nuestros Sabios respecto de Noaj (Noé). Refiriéndose al versículo: "Estas son las acciones de Noaj, Noaj era un hombre justo, íntegro era en sus generaciones…" (Bereshit -Génesis- 6:9), el Talmud nos comenta: "Dijo Rabí Iojanán: 'en sus generaciones' - y no en otras generaciones y Resh Lakish dijo: 'en sus generaciones' - y seguro que también lo hubiera sido en otras generaciones" (Sanhedrín 108a). Vemos que ellos trataron de entender las acciones de Noaj midiendo en la teoría el alcance que las mismas hubieran tenido en tiempos distintos.

Y es por esta razón que el pecado del becerro de oro fue tan grave, porque no sólo que los hijos de Israel cometieron el pecado de la idolatría en aquella oportunidad, sino que también lo hicieron inmediatamente después de la entrega de Torá.

También encontramos en el texto de haftarat Vaijí (Melajim I -I Reyes- capítulo 2) que el rey David antes de morir le pidió a su hijo Shelomó que haga bondad con los hijos de Barzilai el guiladí:

"Y con los hijos de Barzilai - el de Guilad - harás benevolencia y estarán entre quienes comen en tu mesa, pues ellos se acercaron a mí cuando yo escapaba de Abshalom, tu hermano" (2:7).

¿Por qué es que su acción fue tan importante para David si ellos hicieron algo simple y no hubo una demostración especial de bondad en su acción? Porque lo recibieron a David cuando se estaba escapando de su hijo Abshalom, en el momento en que hizo una rebelión en contra de David su padre, y es por eso que la acción de ellos fue tan importante, pues el momento en el que la hicieron fue trascendental para el rey David.

Y a este último criterio se refiere el primer versículo de nuestra haftará al decir: "Los sacerdotes - que provienen de los levitas, los hijos de Tzadok, que han cuidado la observancia de Mi Santuario mientras el pueblo de Israel se desviaba de Mí, ellos serán los que se acercarán a Mí para servirMe…" (44:15), pues si ellos hubieran hecho esa buena acción en otro momento su acción no hubiera sido tan grande, pero por cuanto que ellos cuidaron el servicio a D'os justo cuando todos se desviaron en pos de la idolatría, su acción fue considerada muy importante.

Perla de la Parashá Emor

"Habla con los hijos de Israel y dile a ellos: Estos son las festividades de D'os… Seis días harás labores y en el día séptimo será shabat, día de descanso" (Vaikrá 23:2-3).

La Torá comienza el capítulo que habla acerca de las fiestas de nuestro calendario hablando del shabat, para mostrarnos que las enseñanzas que extraemos tanto de las fiestas como del shabat son igualmente esenciales para la fe del judío. El shabat es el testimonio de que D'os creó los cielos y la tierra, y las fiestas nos recuerdan los milagros del éxodo de Egipto, testificando que D'os controla la naturaleza y puede cambiarla cuando desee.

Estos dos conceptos son fundamentales pues es hereje pensar que D'os creó el universo pero después se retiró y lo abandonó dejándolo a la suerte de las leyes de la naturaleza o de los ángeles o las constelaciones. Asimismo, es hereje creer que el mundo comenzó a existir por alguna causa casual y D'os comenzó a conducirlo después.


Basado en el libro "Darash Moshe