lunes, 14 de marzo de 2011

Parasha Tzav

Parashá 25 Tzav (Vaikrá 6: 1 – 8: 36)

Tema: “Pensamientos de pecado”.

Resumen:

Nuestra parashá habla de los siguientes temas:

Primera aliá (6:1-11): El fuego del altar y las cenizas de los sacrificios. Las leyes de la minjá (ofrenda).

Segunda aliá (6:12 - 7:10): La ofrenda que debía traer el Sumo Sacerdote al ser instituido. Algunas leyes relacionadas con el sacrificio jatat (por el pecado). Leyes del sacrificio asham (por culpa).

Tercera aliá (7:11-38): Las leyes del sacrificio shelamim (de paz). La prohibición de comer sebo. La prohibición de comer sangre. Las partes de los sacrificios que le pertenecen a los sacerdotes.

Cuarta aliá (8:1-13): La consagración de Aharón como Sumo Sacerdote y de sus hijos como sacerdotes.

Quinta aliá (8:14-21): Algunos sacrificios ofrecidos por la consagración de los sacerdotes.

Sexta aliá (8:22-29): Otros sacrificios ofrecidos por la consagración de los sacerdotes.

Séptima aliá (8:30-36): La unción de los sacerdotes. La prohibición de los sacerdotes de salir por siete días del Mishkán.

Introducción:

En la parashá pasada hemos visto la dinámica espiritual y psicológica de la ofrenda por el pecado (jatat). La parashá de esta semana comienza con la olá, una ofrenda que es consumida completamente por el fuego. Los Rabinos dan una explicación al propósito de esta ofrenda: Rabí Shimón Bar Iojai enseñó: la olá es traída por hirhur halev - pensamiento del corazón (Vaikrá Rabá 7:3).

Esta idea es explicada en el Talmud Ierushalmi:

"La olá trae "kapará" - expiación - para los pensamientos del corazón" (Ierushalmi Iomá 8:7 45b).

Estos dos pasajes nos enseñan que pensamientos "pecaminosos" del corazón necesitan perdón. A primera vista, esta idea parece extraña, especialmente desde una perspectiva contemporánea occidental. Después de todo, vivimos en una sociedad que perdona el comportamiento consensual entre adultos. Ciertamente, los pensamientos de uno son privados, y no surge ningún "pecado" o daño si uno tiene meros pensamientos. En algunos círculos, los pensamientos y las fantasías son estimulados, y son vistos como parte de una mente sana y bien balanceada. Pero aquí, nosotros tenemos la enseñanza opuesta: simples pensamientos pueden ser pecados, y es por eso que el perdón es necesario.

La idea de que los pensamientos deben ser controlados es una idea muy básica, encontrada en el tercer capítulo del Shemá:

"Y será para ustedes - los Tzitzit - y lo verán, y recordarán todos las mitzvot de D’s y las harán, y no se desviarán en pos de vuestro corazón y en pos de vuestros ojos, en pos de los cuales se prostituyen" (15:39).

El Talmud explica:

"¿Pero dónde encontramos [advertencias en contra] de las opiniones de los herejes, y los pensamientos de inmoralidad e idolatría? - Ha sido enseñado: 'en pos de vuestro corazón' y esto se refiere a la herejía; y es por eso que dice: 'el tonto dijo en su corazón: no hay D’s'. 'En pos de vuestros ojos' y esto se refiere a los pensamientos inmorales" (Berajot 12b) (También ver Midrash Rabá Números 27:6).

Entonces, ¿cuál es la conexión entre la olá y los pensamientos por los cuales ella compensa? El midrash explica:

"Así enseñaron nuestros Sabios, la olá es completamente sagrada, porque no fue traída por pecados. El "Asham" era traído por robo, pero la olá no era traída por pecado o robo, sino por pensamientos del corazón" (Tanjumá Tzav 13).

Aquí la olá es llamada "completamente sagrada", refiriéndose al hecho de que la olá, literalmente traducida como "asciende", es completamente consumida por el fuego, y el hombre no tiene beneficio de eso. Esto está explicado por algunos comentaristas en el versículo:

"Habló D’s a Moshé diciendo: Ordena a Aharón y a sus hijos diciendo: ésta es la ley que rige para la olá (el holocausto): ella es la olá que deberá estar sobre el fuego, sobre el altar, toda la noche hasta la mañana, y el fuego del altar arderá en él" (Vaikrá 6:1 - 2).

La olá es una ofrenda que trae perdón para los pensamientos. Así como las pasiones de la persona se queman en la noche, este animal sacrificado, el cual representa el lado físico de la persona, se quema toda la noche, hasta que sólo el espíritu queda [ver Torá Shelemá Tzav nota 9]. No queda nada "físico" de la ofrenda. Esta idea es iluminada por el Zohar:

"La esencia de la ofrenda es que es análoga al pecado, y el hombre debe ofrecer a D’s sus deseos y pasiones, porque esto es lo más aceptable de todo. Benditos los rectos que traen estas ofrendas cada día [metafóricamente]. Sin embargo, la ofrenda real [física] es mejor, porque trae bendición en todos los mundos" (Zohar, Vaikrá pág. 9b).

Esta relación entre los mundos físico y espiritual puede ser esclarecida por un pasaje en el Talmud:

"Los pensamientos de pecado son "kashé" (más difícil o duros) que los pecados" (Iomá 29a).

Rashí explica este pasaje:

"La pasión sexual es más difícil de contener que el acto ilícito" (Rashí Iomá 29a).

De acuerdo a Rashí, el término "kashé" quiere decir más difícil. Rashí entiende que esta enseñanza significa que los pensamientos de pecado son más difíciles de controlar que controlarse para no cometer el pecado. Esta explicación no indica lo que es más serio, o por esa razón si un pensamiento de pecado es realmente un pecado en sí mismo.

Rashí sólo dice que los pensamientos de este tipo son más difíciles de controlar, una declaración que puede ser entendida en varios niveles. Como ya notamos, muchas personas no consideran a los pensamientos un tema moral o religioso, y es más difícil controlar algo que no es considerado un problema. Por otro lado, los crímenes del corazón nunca son sabidos por otras personas.

Como regla general podemos decir que intrínsecamente, los pensamientos son más difíciles de contener, y la mayoría de las personas tienen un éxito mayor ejercitando control sobre sus acciones que sobre sus pensamientos.

Irónicamente, de acuerdo con el análisis de Rashí la recompensa por controlar los pensamientos sería más grande que la recompensa por evitar un pecado "real", siguiendo el principio enseñado por la Mishná en Avot: "de acuerdo con la dificultad así es la recompensa".

A pesar de que un pecado "real" en el mundo de la acción es peor, uno recibirá una recompensa más grande por evitar pensamientos de pecado.

El Rambam, en su libro la Guía de los Perplejos, muestra un entendimiento radicalmente diferente:

"Tú ya sabes la enseñanza "los pensamientos de pecado son "kashé" (más difíciles o duros) que el pecado" (Iomá 29a). Yo tengo una maravillosa explicación: si una persona peca es generalmente debido a las circunstancias que resultaron de que ella es una criatura física, la persona pecará debido a su lado animal. Pero los pensamientos son el tesoro de una persona que sigue su "forma" (su imagen de D’s) y si una persona peca con su pensamiento, entonces, ellos pecaron con su más grande posesión…el propósito de la mente es llegar a D’s y no caer más bajo (que los animales)" (Guía de los Perplejos 3:8).

El Rambam explica que los pensamientos de pecado son "kashé", son peor que un pecado! La persona está hecha de dos partes: el animal - físico y el intelectual - espiritual. Es por eso que si la persona peca con su cuerpo, es entendible: el cuerpo es físico y es por eso que tiene todo tipo de necesidades físicas e instintos animales. La mente, por el otro lado, es la manifestación de nuestra imagen de D’s.

Es así que pecar con la mente es una profanación más grande que pecar con el cuerpo. Pero el hombre es castigado, en general, por la acción y no por el pensamiento. Sin embargo, pensamientos pecaminosos pueden ser más debilitantes espiritualmente.

La imagen de la olá ahora tiene un nuevo significado, la persona que ha pecado con su mente, efectivamente, ha transformado su lado espiritual en algo animal. Es por eso que el animal ofrecido para enmendar el pecado debe ser consumido por el fuego completamente, indicando que la mente debe dedicarse completamente a lo espiritual. Esta idea puede ser ilustrada por una segunda enseñanza de Rabí Shimón bar Iojai, la autoridad que ha enseñado que la olá es traída por pensamientos prohibidos:

"Rabí Shimón Bar Iojai dijo, en adición: Quien pone las palabras de la Torá en su corazón (mente) es salvado de pensamientos de pecado, pensamientos (temor) de la espada, temor de la tiranía, pensamientos frívolos y vacíos, pensamientos de la inclinación del mal, pensamientos de libertinaje sexual, pensamientos de mujeres malvadas, pensamientos de idolatría, temor de ser controlado por otros y pensamientos obsesivos…" (Taná Debé Eliahu Zutá, cap. 16).

Aquí, Rabí Shimón Bar Iojai enseña que hay un antídoto para pensamientos pecaminosos, la Torá. Como ya vimos, la mente representa la imagen de D’s y el lado espiritual del hombre. Esta imagen es lo que nos permite tener una relación con D’s; es por eso que la persona cuya mente está inmersa en palabras de Torá es salvada de la clase de pensamientos que atrapan al hombre.

El Zohar explica esta idea:

"Si su oblación es una ofrenda que se quema: Rabí Jiá citó aquí el versículo: 'porque mis pensamientos no son tus pensamientos, dijo D’s' (Isaías 55:8). 'El pensamiento D’s - él dijo - es la fuente de todo y de ese pensamiento surgen caminos y senderos en los cuales el Nombre Sagrado puede ser encontrado y correctamente establecido. De ese Pensamiento, también surge el arroyo del Jardín del Edén para regar todo. De ese Pensamiento dependen todos los seres superiores e inferiores, y de ese Pensamiento vino la Torá Escrita y la Torá Oral. El pensamiento del hombre es también la fuente de su vida, y de él salen caminos y senderos para pervertir sus caminos en este mundo y en el venidero. De ese pensamiento surge el instinto del mal para dañarlo a él y a todos, y de él sale el error y la iniquidad y el pecado presuntuoso, la idolatría, las relaciones prohibidas y el derramamiento de sangre; por eso dice: 'mis pensamientos no son como los tuyos'. Y así dice, primero que todo: 'si su oblación es una ofrenda que se quema', porque 'la ofrenda que se quema' (olá) tiene referencia a 'lo que sube' (olá) al corazón como pensamiento, y es por eso que la primera ofrenda mencionada es la ofrenda que se quema" (Zohar Vaikrá pag.6a).

Esta enseñanza nos recuerda el pasaje del Talmud, enseñado en nombre de Rabí Ishmael, que si el instinto del mal toma el control de la persona el remedio es ser "empujado" a la casa de estudio:

"Así dijo D’s a Israel: 'Mis hijos! Yo he creado el deseo del mal, pero Yo [también] he creado la Torá, como su antídoto; si ustedes se dedican a la Torá, no serán entregados a él, como está escrito: 'Si harás el bien, serás exaltado', pero si no se dedican a la Torá, serán entregados a él, como está escrito: 'el pecado espera en la puerta'. Más aún, él está preocupado contigo [para hacerte pecar], como está escrito: 'y en ti estará su deseo'. Y si tú deseas, puedes gobernar sobre él, como está escrito: 'y tú gobernarás sobre él'.

Nuestros Rabinos enseñaron: el deseo del mal es duro [de aguantar], incluso su Creador lo llamó malvado, como está escrito: 'porque el deseo del corazón del hombre es malo desde su juventud'. Rabí Itzjak dijo: el deseo malo del hombre se renueva diariamente en contra de él, como está escrito: '[toda imaginación de los pensamientos de su corazón] fue sólo el mal todo el día'. Y Rabí Shimón Ben Leví dijo: el deseo malo del hombre junta fuerza en contra de él diariamente y busca matarlo, como está escrito: 'el malvado mira al justo, y busca matarlo'; y si D’s no lo ayudaría [al hombre] él no podría prevalecer en contra de él, como está escrito: 'D’s no lo dejará en sus manos'. La escuela de Rabí Ishmael enseño: mi hijo, si este repulsivo [miserable] te agrede, llévalo a la casa de estudio" (Kidushín 30b).

Hay una tensión entre el aspecto físico y el aspecto espiritual del hombre; el consejo de Rabí Ishmael es llevar la batalla a tu propio campo. El Rebe de Kotzk una vez comentó sobre este pasaje en el Talmud: no pienses por un segundo que el ietzer hará (el instinto del mal) no está esperando por ti en la casa de estudio también! La única diferencia que el consejo de Rabí Ishmael te da es "la ventaja de estar en tu propio campo".

El rol del hombre en este mundo es elevar lo físico. Para facilitar esto, la mente del hombre, la cual es el corazón de su espiritualidad, y de acuerdo al Rambam es su tzélem Elohim, debe quedar puro, pensante y espiritual. Lo insidioso en los pensamientos o fantasías de pecado es que lo físico-animal ha tenido dominio sobre lo espiritual, y la batalla es perdida antes de que haya comenzado.

El Templo, como hemos visto en la última parashá, es un lugar donde el hombre errante es rehabilitado. La ofrenda por el pecado, así como la examinamos la semana pasada, ayuda al hombre cuando él ha hecho un pecado. La olá, la cual es descripta al comienzo de la parashá de esta semana, es traída por el "pecado" de pensamientos prohibidos. Así como todo el animal es consumido por el fuego, los pensamientos del hombre deben ser encaminados hacia la redirección de todas sus energías mentales, totalmente hacia D’s.

Desarrollo:

Como Adam, el primer hombre.

Nuestra parashá comienza con la descripción del sacrificio llamado en hebreo "olá" (en castellano holocausto, del griego holós, todo y kaustós, quemado; es decir que se quema por completo sobre el altar), así se declara: "Esta es la ley del holocausto, el holocausto que sube el fuego que arde sobre el altar toda la noche hasta la mañana y el fuego del altar arderá en él" (Vaikrá 6,2).

Mientras que el final de la parashá anterior nos enseña el proceso de acercamiento del sacrificio llamado "asham guezelot", sacrificio que es traído como expiación de haber cometido un robo, como se declara: "Una persona que hizo un pecado... o robare... su ofrenda de culpa (asham) traerá a El Eterno" (Vaikrá 5,20-25).

En el Midrash (Tanjuma, Tzav, 1) nuestros sabios encontraron una relación temática en el hecho que las disposiciones sobre el sacrificio del holocausto estén inmediatamente después del tema que trata del robo, su devolución y su expiación total sobre el altar.

En una primera perspectiva el simple hecho que la devolución del robo y la expiación del mismo precedan al sacrificio del holocausto, enseña que una condición necesaria para acercarse al altar y presentar un sacrificio del nivel que indica el holocausto, es decir todo él para HaShem, es la limpieza social que debe la persona manifestar en todas sus conductas, cuanto más en el caso que haya cometido errores de tipo social.

En segunda instancia nos quiere enseñar esta unión temática que si una persona desea presentar algún sacrificio, no robe de otra persona nada, y esto ¿Por qué? "Por que Yo soy el Eterno que ama el juicio y odia el robo en el holocausto" (Yeshayahu 61,8); incluso en el holocausto, es decir incluso que quieran presentar un sacrificio a HaShem que todo él se queme sobre el altar, es decir íntegro para el Creador, aun así HaShem odia el robo.

El mismo Midrash declara además: "¿Cuándo tú presentas un sacrificio de holocausto, de manera tal que yo lo reciba? Cuando limpies tu mano del robo. El rey David declaró: "¿Quién subirá al monte del Eterno, y quién se erguirá en su sagrado monte? El que tiene sus manos limpias y su corazón puro...". Así dice la Torá: Esta es la ley del holocausto, quien tiene limpia sus manos del robo, ese subirá al monte del Eterno (al Templo a ofrecer sacrificios).

La yuxtaposición del sistema de los sacrificios con la última sección de la parashá anterior es un punto de profunda meditación, ya que esta sucesión de temas presenta una novedad ética dentro del universo de los conceptos que conforman el libro de Vaikrá; la limpieza de las manos, el cuidado de no robar, es una condición sin la cual no queda ninguna posibilidad de acercar algún sacrificio en el altar del Templo.

Esta novedad es la base para el servicio a HaShem en cada generación, incluso que no esté el Templo presente, el principio que enmarcaba el acercamiento a HaShem sigue aún siendo relevante. Al parecer no existe una vida religiosa verdadera, un acercamiento al Creador, sino cuando la propia vida personal está limpia por completo de todo daño que pueda habérsele hecho al prójimo. No es posible separar artificialmente ambos campos de acción y así el sacrificio separado de una vida de rectitud fue el culto contra el cual lucharon los profetas de Israel.

Esta idea que subyace a las secciones que se encuentran consecutivas en la Torá, la encontramos además en el principio con el que comienza el gran códice de los sacrificios, el propio libro Vaikrá, como se declara: "Un hombre que acerque de entre ustedes un sacrificio..." (Vaikrá 1,1).

La palabra descriptiva "un hombre" (adam), se encuentra aquí de manera no regular, ya que en el resto de la sección y en general en los enunciados que se refieren a los diferentes sacrificios el término que suele ocuparse es "un varón" (ish) y por lo tanto hubiera sido más lógico encontrar esta palabra; si es así entonces ¿Por qué se utiliza el término "un hombre" (adam)? Rashí contesta que del mismo modo que Adam, el primer hombre, cuando presentó sacrificios lo hizo con animales que le pertenecían, ya que todo el mundo estaba a su disposición, y por lo tanto no robó, del mismo modo las generaciones siguientes si quieren presentar un sacrificio deben hacerlo sólo de aquello que les pertenezca, para recalcar esta idea la Torá utilizó la palabra "adam" que significa tanto hombre, como el nombre del primer hombre Adam.

La palabra Adam por ende nos hace relacionarla, como una asociación inmediata, con el sacrificio traído por Adam, el primer hombre.

Pero, si estos conceptos son tan relevantes y su importancia es tan grande para un servicio verdadero al Creador, cabe preguntar ¿Por qué todo esto fue dicho solamente con alusiones? El estudio traído por Rashí sobre el sacrificio de Adam y su relación con los sacrificios posteriores del pueblo judío, se basa en alusiones y deducciones que no son perceptibles a primera vista sino después del análisis del tema...

¿Por qué? Podemos responder que en el sistema de información y en el modo como la información es transmitida dentro de la Torá, todo aquello que de suyo debería ser entendido, no necesariamente aparece expresado claramente, sino que su método es guardarlo dentro de alusiones para estudios más profundos, pero no cabe duda que las generaciones que recibieron la Torá y las siguientes comprendían estas ideas sin que fuese necesario decírselas, en cambio muchas veces las generaciones posteriores y cuanto más la nuestra necesita de largas y detalladas explicaciones que puedan hacernos comprender los mensajes.

Por este motivo y debido a su simpleza, el hecho que la limpieza de las manos, es decir el no robar, es una introducción obligatoria al servicio divino, no encontramos información explícita sobre el tema.

Una pregunta adicional podemos formular sobre la realidad que acompañaba al presentar el sacrificio del holocausto, y de los demás sacrificios en general, y es el hecho que el valor esencial de ellos se manifiesta en el campo de la expiación de los pecados cometidos.

Si revisamos la finalidad de los sacrificios encontraremos que gran mayoría de ellos son la llave para trazar nuevamente una relación con el Creador que se vio afectada por nuestros pecados, sin embargo hay algunos que no se enmarcan dentro de esta finalidad sino que trascienden el punto de contingencia pecado expiación y se levantan por sobre este sistema, como son los sacrificios ofrendados en cada día como "korbán tamid", los traídos en los sábados y las festividades, que más allá de reparar la relación del hombre con HaShem, quieren manifestar un agradecimiento de parte nuestro frente a hechos de relevancia social o particular.

Como hemos ya indicado el hecho de separar la conducta social y el comportamiento dentro de un marco de rectitud y el presentar los sacrificios fue una realidad contra la que se opusieron los profetas, cada uno en su tiempo, ya que dentro del Judaísmo no existe cercanía a HaShem sin que haya equilibrio social. Ahora bien esta visión de mundo que une ambos aspectos de la vida, tanto el humano como el divino fue un verdadero hito dentro del mundo donde la Torá fue entregada, la mentalidad del pagano era completamente diferente, ya que para el idólatra el servicio a una ser superior es una manifestación de un deseo interno por sentirse conectado a un infinito, pero este deseo no implica un cambio social profundo, mucho menos una responsabilidad con el resto de los hombres, salvo en los puntos que le sean de mutua conveniencia.

La Torá nos enseña y así el Midrash traído nos lo resalta que la relación entre la corrección de la persona y su honestidad es vital para su buena relación con HaShem, actualmente existe todo un pensamiento filosófico que manifiesta esta disociación entre la ética y la religión, a veces el mundo moderno hace hincapié en el aspecto ético de los social desvinculado de una responsabilidad trascendente, y a veces se resalta el sentido religioso de la vida sin tomar en cuenta los medios para alcanzar tales ideales, hemos visto en el correr de la historia ejemplos de unos y de otros; hemos percibido además a nivel psicológico una tendencia nefasta a tratar de desvincular al hombre social del su trascendencia, como un recuerdo del verdadero camino de HaShem, esta sección semanal nos hace retraernos al núcleo de una buena relación del hombre con HaShem, así como lo expresó el Rey David:

"¿Quién subirá al monte del Eterno, y quién se erguirá en su sagrado monte? El que tiene sus manos limpias y su corazón puro...".

Conclusión:

Si la persona se encuentra en una situación de estrechez económica y lamentablemente no puede permitirse ciertos lujos o gastos, debe...

Casa chica, corazón grande

“Y congrega a toda la asamblea a la entrada de la tienda de la cita...”

“Moisés hizo conforme a lo que el Eterno le había ordenado y congregó a la comunidad, a la entrada de la tienda” – (Levítico 8:3-4)

Rashí expresó sobre este versículo: “Éste es uno de los lugares en la Torá en que lo pequeño contuvo a lo grande”. Lo que nos quiere indicar el célebre comentarista es: dada la pequeñez de la entrada de la tienda de la que hablamos, se entiende que no hayan podido albergar a toda la comunidad (es decir, los 600.000 hombres). No obstante, en forma Milagrosa, ¡Si alcanzó para que cupieran todos! Si nos ponemos a analizar, ¿cuál era la superficie de todo el Mishkán (el Tabernáculo)? ¿Cuánto medía la superficie de la entrada de la tienda o el patio de acceso al tabernáculo? Mucho menos de 2000 metros cuadrados, un espacio diez veces menor al de una cancha de fútbol, salvando la distancia. ¿Cómo podía caber allí todo el pueblo de Israel? (Existe la opinión del Eben Ezra que no se refería HaShem a la gente común, sino a los líderes y ancianos). Rashi nos enseñó que ocurría un milagro y todos entraban, nadie se quedaba afuera.

El Gaon Jatam Sofer aclara la razón de esta maravilla ocurrida y dice que fue por causa de que este santuario se inauguró con toda la majestuosidad y el lujo. Se utilizaron materiales y objetos de muchísimo valor, como el oro, plata, piedras preciosas, telas finas, etc. No existía comparación a la belleza y suntuosidad que ofrecía la casa de HaShem en algún otro lugar. Por lo tanto, este hecho da lugar a pensar que Di-s exige un nivel muy alto.

Verdaderamente el servicio que nosotros le brindamos merece ser el mejor y el más destacado y, ¿por qué no? Si no decoramos la casa de Di-s con todo lo que él nos brindó, ¿qué vamos a decorar con oro y piedras preciosas? Sin embargo, existen también los pobres carentes de todas estas magnificencias, aquellos que apenas llegan a fin de mes, que no tienen el conocimiento de todos estos valores y ni siquiera saben cómo se llaman... Entonces pueden llegar a decir: nosotros no tenemos nada que ver con todo esto. Para participar aquí hay que pertenecer a un nivel alto, a otro status social, esto requiere de una buena situación económica, etc. Para erradicar este pensamiento torcido y equivocado, le ordena HaShem a Moisés, ¡¡Congrega a todo el pueblo!! ¡¡Reúneme a todos aquí!!

En una superficie pequeña, menor a los 2000 metros cuadrados, que se aglomeren y se apretujen y, de este modo, se van a sensibilizar con el Servicio Divino, un lugar pequeño que contiene a millares de judíos. El público en general debe aportar con soltura sus donativos, con honor y devoción, sin sentirse menoscabados por su humildad, ya que nuestros sabios establecieron: “No existe el concepto de pobreza en una congregación”. Sin embargo, con respecto al servicio y a la dedicación personal, la disminución de los lujos, la conformidad con lo mínimo elemental y el desinterés por los placeres mundanos, son fundamentales para servir a Di-s.

Es verdad, que la riqueza y la opulencia son moneda corriente en la casa de HaShem, pero eso es lo que respecta a su servicio comunitario, no es lo mismo con la práctica personal de cada persona. Es menester que seamos humildes, espirituales, desinteresados y conformistas para nosotros, ya que es necesario este modo de vida para poder cumplir con los preceptos y mandamientos divinos.

Como encontramos en la Torá, con respecto a los judíosque tenían la obligación de subir a Jerusalén tres veces al año. Nunca hemos oído ni visto la necesidad de construir hoteles ni albergues para esta concurrencia masiva de huéspedes pasajeros ya que todos se ubicaban de alguna manera. Seguramente el espacio físico que ocupaba cada uno en Jerusalén, no era el mismo al que estaban acostumbrados el resto del año en sus respectivas ciudades. Con todo eso nuestros eruditos recalcaron en el Tratado de Avot 5:5: “Nunca se oyó decir: no tengo comodidad en Jerusalén”, puesto que esta santa ciudad prodigaba a sus huéspedes una buena onda y un gran optimismo que quitaba la posibilidad de quejarse; nadie lo hacía. Todo estaba a las mil maravillas, ya que esta metrópoli ejercía una suerte de instrucción sobre sus visitantes a la conformidad y al desinterés por el materialismo.

Por lo tanto, nos indica el sabio Jatam Sofer: Si la persona se encuentra en una situación de estrechez económica y lamentablemente no puede permitirse ciertos lujos o gastos, no debe desmoralizarse ni deprimirse, sólo tiene que alzar los ojos al cielo e imaginarse que en el patio del santuario el pequeño espacio físico alcanzaba y contenía a multitudes. No olvidar el viejo dicho: “Casa chica, pero corazón grande”. Lo más importante es tratar de ser feliz con lo que tenemos. El Rey David decía: “Los que buscan a Di-s no les faltará el bienestar” (Salmos 34:11). En hebreo “bienestar” se pronuncia “todo bueno”; por lo tanto el Maguid de Mezritch lo interpretaba así: “¿Saben por qué a los buscadores de HaShem no les falta todo lo bueno? Por la simple razón de que todo es bueno para ellos, todo les cae bien, puesto que son conformistas y se arreglan con poca cosa”.

Por eso reza el versículo: “No les faltará”, dado que no lo tienen, pero tampoco les falta y no se siente la necesidad de poseer lo que no les falta. Por medio de estas cualidades de conformidad y satisfacción en todo lo que sea materialismo y confort, se logra forjar una personalidad devota de HaShem y perseguidora de todos sus preceptos. Como cuentan que en cierta ocasión el Jafétz Jaim le declaró a sus allegados: -“Ustedes creen que si yo hubiese comido carne todos los días, hubiera podido escribir el Mishná Berurá (la gran obra de Ley Judía)?”.

Es de sumo conocimiento el cuento del turista norteamericano que decidió hacer una visita a la casa del sabio Jafétz Jaim. Viajó hasta la ciudad de Radin, en Europa, y luego de alojarse en alguna hostería u hospedaje, se dirigió hasta la casa del gran sabio. El viajero creía que seguramente se iría a encontrar con una casa de lujo, con todo el confort y las comodidades que una persona de esta envergadura se merece. Al ingresar a la humilde casa del sabio, observó como este Tzadik estaba sentado estudiando Torá, apoyando su libro sobre una mesa gastada y antigua. Las sillas no combinaban con los muebles, todo tenía un aspecto muy pobre. Después de haber entablado una conversación con el gran erudito, le pregunta el forastero al Tzadik: -“Dígame una cosa, ¿qué pasó con sus muebles? Una personalidad como usted debería tener un lugar más apropiado para vivir”.

-“Y dime ¿dónde están tus comodidades y tu confort, aquí en Radin?”, le interrogó el anciano al opulento turista.

-“Rabino, yo aquí estoy de paso”. En América tengo mis comodidades, mi casa con todos los lujos, mi carro, jardines, obras de arte, etc.”, respondió el turista. -“¡Qué tus oídos oigan lo que dices!”. “Yo aquí estoy de paso”, replicó el sabio Jafetz Jaim.

Los grandes Sabioshacían de este mundo algo totalmente pasajero, invertían su tiempo en la Torá y losPreceptos, los cuales brindan un pasaporte para el mundo venidero, donde sí se vivirá la felicidad y plenitud. Estos sabios no eran pobres, sino ricos y multimillonarios en obras de bien, ayudas, Torá, Preceptos, buenas acciones, etc. Como ocurrió con el famoso Jazón Ish, que una vez le trajeron un sobre con dinero de Pidión (caridad, como se acostumbraba). El Jazón Ish no lo quiso aceptar. Al observar esta persona que ofrecía el dinero la pobreza que reinaba en esa casa le preguntó: -“¿Y usted de qué vive?” -“Yo vivo de los favores que le hago a la gente”, replicó el Jazón Ish, queriendo decirle que él no se preocupa por su sustento, puesto que se arreglaba con un mínimo salario que le alcanzaba para mantenerse.

Ésta es la visión de los Tzadikim (Justos)y lo que la Torá nos mostró con respecto al patio del Mishkán. Puede la persona hacinarse entre las multitudes y sentirse cómodo, lo principal es estar cerca de la fuente de la espiritualidad y santidad. “Lo demás, es lo de menos.” Para concluir, quiero citar una frase célebre enunciada por el Sába de Kelem: -“¿Por qué la persona no tiene lo que quiere? - Porque no quiere lo que tiene; si quisiera lo que tiene, tendría lo que quisiera”.

Shabat Shalom.

Haftarat Tzav Sh’muel Alef 15: 1 – 34

La segunda de las cuatro parashiot especiales es parashá Zajor, y en lugar de leerse la haftará correspondiente a la parashá semanal, se leerá la haftará correspondiente al shabat Zajor.

En la historia de Purím - relatada en el libro de Ester - encontramos a un personaje que quiso destruir al pueblo de Israel solamente porque eran judíos. Se llamó Hamán. En la meguilat Ester, Hamán es llamado "Hamán el Agaguita", pues él era descendiente de un tal Agag. Pero ¿quién era Agag? Si leeremos la haftará de esta semana lo sabremos.

Agag era el rey del pueblo de Amalek, el mismo pueblo que atacó sin ningún motivo justificado al pueblo de Israel, cuando éste salió de la tierra de Egipto e iba desplazándose por el desierto, dejando atrás la dura y terrible esclavitud egipcia. Más tarde D’s decretó que debemos recordar lo que nos hizo este malvado pueblo, y ordenó que el primer rey que tenga el pueblo de Israel en la tierra de Israel, deberá salir a la guerra y destruirlo.

Es por eso que el profeta Sh’muel después de coronar a Shaúl - un hombre de la tribu de Biniamín - como rey del pueblo de Israel, le ordenó que vaya y cumpla la orden de D’s:

"Ahora, ve y golpea a Amalek, y destruirán todo lo que tiene, y no te apiadarás de él, y matarás desde hombre hasta mujer, desde niño hasta lactante, desde toro hasta cordero, desde camello hasta burro" (15:3).

Pero el rey Shaúl no cumplió la orden de D’s al pie de la letra. Él dejó con vida a Agag - el rey de Amalek, y a algunas de sus pertenencias, por lo que el profeta Sh’muel se presentó delante de él reprendiéndolo por su mala acción, y entre otras cosas le dijo:

"Dijo Sh’muel: Ciertamente si tú eres pequeño en tus ojos… el jefe de las tribus de Israel eres, y te ha ungido D’s como rey sobre Israel" (15:17).

Rab Iehonatán Aibshitz (1690 - 1764) en su libro "Ahavat Iehonatán", nos explica que D’s tuvo un propósito determinado al coronar como rey a un hombre de las tribus de menor importancia dentro del pueblo de Israel (Biniamín). A pesar de que hubiera correspondido coronar como rey del pueblo de Israel a un hombre de alguna de las tribus más importantes (por ejemplo: Iehudá), D’s no quiso hacer eso, para que el rey no sea arrogante y para que no se enaltezca su corazón tomando decisiones propias o escuchando los consejos de sus asesores, ya que él debía escuchar solamente las palabras de D’s por medio de Su profeta, y específicamente por este punto es que el rey Shaúl fue reprendido por el profeta Sh’muel:

"…Ciertamente si tú eres pequeño en tus ojos, el jefe de las tribus de Israel eres… (15:17) y ¿para qué fuiste ungido como rey? Para que no inventes nuevas órdenes que no te han sido dichas por el profeta. ¿Y por qué no has escuchado la voz de D’s, y te has apresurado en pos del botín, y has hecho el mal a los ojos de D’s?" (15:19).

Además, el Rab Eliézer Jarlap - citado en el libro "Cojav Miiaacov" - nos explica que el pecado de Shaúl fue que se consideró demasiado astuto y sabio como para contradecir la orden del profeta, ya que Sh’muel le había dicho: "Ahora, ve y golpea a Amalek y destruirán todo lo que tiene, y no te apiadarás de él y matarás desde hombre hasta mujer, desde niño hasta lactante, desde toro hasta cordero, desde camello hasta burro" (15:3), pero Shaúl pensó que el animal que era apto para ser sacrificado en el altar del Templo, era preferible traerlo con vida en lugar de matarlo.

Es por eso que el profeta Sh’muel le dijo que ese fue un gran error: "Dijo Sh’muel: ¿Desea D’s holocaustos y sacrificios, así como que se escuche la voz de D’s? He aquí que escuchar es mejor que los sacrificios; hacer caso es mejor que los carneros" (15:22).

Y ahora comprenderemos mejor el versículo que dice: "Dijo Sh’muel: Ciertamente si tú eres pequeño en tus ojos, el jefe de las tribus de Israel eres…", como diciendo: "Dijo Sh’muel: Ciertamente si tú eres pequeño en tus ojos, si tú te sentirás pequeño y sin importancia, y no criticarás ni intentarás ser más astuto y sabio que las mitzvot de D’s, entonces el jefe de las tribus de Israel eres…".

Para concluir podemos decir que las palabras de nuestro autor están insinuadas en la misma Tora al decir: "Y el hombre Moshé era muy humilde, más que toda persona sobre la faz de la tierra" (Bamidvar 12:3). La verdadera grandeza la posee solamente quien se considere el más pequeño de todos.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-. Perla de la Parashá -.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

"…y él deberá separar las cenizas de lo que consumió el fuego del sacrificio en el altar, y deberá ponerlo próximo al altar" (Vaikrá 6:3).

En esta parashá encontramos que D-s le ordena a Moshé Rabenu algunas leyes sobre los sacrificios. La Torá ordena que la primera tarea de la mañana sea que un cohen tome un poco de las cenizas del altar y las coloque en el lado este del altar.

El Rav Shimshón R. Hirsch dice que una de las razones para esta orden es que la Torá quiere que el cohen comience la labor del día siguiente juntando los residuos de cenizas del día anterior, simbolizando así la continuidad del pueblo judío: “Hoy” comienzo con lo que mis antepasados me dejaron “ayer”.

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domingo, 6 de marzo de 2011

Parashá 24 Vaikrá (Vaikrá 1: 1 – 5: 26)

Parashá 24 Vaikrá (Vaikrá 1: 1 – 5: 26)

Tema: “Un viaje al corazón del hombre”.

Resumen:

Nuestra parashá habla de los siguientes temas:

Primera aliá (1:1-13): Las leyes del sacrificio olá (holocausto) de los vacunos, de los corderos y de las cabras.

Segunda aliá (1:14 - 2:6): Las leyes del sacrificio olá de las aves. Las leyes de la minjá (ofrenda).

Tercera aliá (2:7-16): Leyes de otros tipos de menajot (ofrendas). La minjá de las primicias.

Cuarta aliá (3:1-17): Las leyes del sacrificio shelamim (de paz) de los vacunos, de los corderos y de las cabras.

Quinta aliá (4:1-26): Las leyes del sacrificio jatat (por el pecado) del Cohén Gadol (Sumo Sacerdote), del pueblo y del rey.

Sexta aliá (4:27 - 5:10): Las leyes del sacrificio jatat de las cabras y de los corderos por el individuo. Las leyes del sacrifico olé veiored (variable) de las cabras, los corderos y las aves.

Séptima aliá (5:11-26): Las leyes del sacrifico olé veiored de harina. Las leyes del sacrificio asham (por culpa) y la reparación de algunas culpas.

Introducción:

Esta semana comenzaremos a leer el tercer libro de la Torá, el libro de Vaikrá (Levítico), y con él comenzaremos a estudiar acerca de los distintos korbanot que se ofrecían en el Mishkán (Santuario).

En el Mishkán se hacían todo tipo de "servicios, ritos o ceremonias" - por explicarlo de alguna forma - que la misma Torá nos dice que D’s se lo ordenó a Moshé. Estos servicios se dividían en varias clases: había que preparar panes especiales y disponerlos cada shabat sobre la mesa, otras veces había que quemar el incienso, y habían otros servicios que consistían en derramar un poco de vino y de agua.

Pero todos estos servicios no son tan conocidos para la mayoría de la gente. De todos los servicios que se ofrecían a D’s los más famosos son los llamados korbanot, pero ¿qué son los korbanot y qué significa la palabra Korbán?

La palabra proviene de la raíz hebrea "kof", "resh" y "bet" que denota la idea de acercamiento: lehitkarev (acercarse), lekarev (acercar). Los korbanot - que generalmente se los traduce erróneamente como "sacrificios" - son determinados servicios mediante los cuales el hombre podía (o a veces debía) acercarse a D’s, a través de un Korbán que él acercaba al Mishkán (Santuario) o al Bet Hamikdash (Templo de Jerusalem).

Los korbanot eran en su mayoría, de animales de varias especies, que eran tratados de distintas formas según el korbán que se ofrecía. Pero habían también varios korbanot de especies vegetales, como ser las distintas menajot (ofrendas, oblaciones), y es por eso que es erróneo hablar únicamente de sacrificios animales al referirse a los korbanot.

A pesar de esta breve introducción al tema, todavía hay una gran pregunta sin respuesta: ¿Por qué D’s ordenó en su Sagrada Torá - que es eterna, y también lo son sus leyes - todos estos servicios tan extraños a nuestra mentalidad, y especialmente, si hablamos de la obligación de matar animales limpios de culpa y cargo, por nuestros propios pecados?

Variadas respuestas pueden ayudarnos a descifrar este interrogante, pero en este comentario trataremos de ofrecerles a nuestros estimados lectores (en esta parashá y la siguiente), la visión de uno de los más grandes sabios y pensadores que tuvo nuestro pueblo: Rabí Iehudá Haleví (España, 1085 - 1140), a través de una traducción - absolutamente libre y no literal - de algunas partes de su famoso libro "Hakuzarí", que es un diálogo entre el rey de los cuzares y un sabio judío.

En su libro, Rabí Iehudá Haleví nos relata acerca de la historia del rey de los cuzares - rey no judío - quien buscó servir a D’s a través de distintos caminos y variadas religiones, y que a pesar de sus grandes búsquedas, soñaba por las noches que le decían: "tu intención es buena, mas tus acciones no lo son", hasta que se acercó a hablar con el sabio de los judíos, después de que los mismos cristianos y musulmanes le dijeron que no tenía nada que hacer con ellos, y le dijeron que vaya a las fuentes.

"Dijo el cuzar: A pesar de que es lógico pensar que el más destacado de todos los pueblos del mundo, es el que desciende del hombre que siguió más fielmente las ideas de Adam, el primer hombre, sin alejarse de D’s yéndose detrás de otros dioses en toda la historia, todavía no se entiende cómo es que el pueblo judío pecó haciendo el becerro de oro después de recibir la Torá.

Dijo el Sabio: En esos tiempos todos eran idólatras, y además de tener muchos dioses - espiritualmente hablando, ellos cometían otro pecado al materializarlos diciendo que cada dios se manifestaba a través de una imagen. En el desierto del Sinaí, los hijos de Israel estaban esperando que Moshé descienda de la montaña a la cual había ascendido después de haber escuchado los Diez Mandamientos, y Moshé los había preparado diciéndoles que él bajaría de la montaña con algo que le daría D’s para ellos y que ellos lo verían, así como veían a la columna de nube y de fuego que los acompañó al salir de Egipto. Ellos lo esperaron a Moshé, pero por cuanto que se demoró en bajar, se juntaron algunos de los hombres del pueblo y buscaron alguna imagen tangible que esté delante de ellos, sin que se contradiga con la idea de D’s. Su pecado consistió en que relacionaron a D’s con la obra de sus manos y de su deseo - sin que D’s lo haya ordenado, y pensaron que llegarían por su propia inteligencia al camino que los llevaría hacia D’s, y el pecado en sí no fue que hicieron una imagen, pues el haber hecho una figura no es tan grave por sí mismo, ya que vemos que también en el Mishkán estaban los querubim (imágenes de jóvenes) sobre el arca. (Véase también el comentario del Rab Ari Kahn a la parashá Ki Tisá).

Dijo el cuzar: Ya me ayudaste a encaminar mi pensamiento respecto de lo que yo soñaba todo el tiempo: "tu intención es buena, mas tus acciones no lo son", pues el hombre no puede llegar a D’s sin lo Divino, es decir sin seguir Sus palabras, y esto es una gran verdad, pues la mayoría de las personas tratan de acercarse a Él, incluso los que miran las estrellas y los hechiceros y los que sirven al fuego o al sol, pero ninguno lo logra.

Dijo el Sabio: Así es. Y es por eso que todas nuestras leyes están escritas en la Torá - que es lo que habló D’s con Moshé - y respecto de toda la Torá que escribió Moshé y se la dio al pueblo en el desierto, era como si D’s mismo hubiera hablado con ellos y no precisaban ninguna transmisión oral ni explicaciones para cada parte o mitzvá, o para saber cómo eran los sacrificios y cómo se los sacrificaban, y dónde y de qué lado, y cómo se los mataban y qué se hacía con sus partes y con su sangre. Todo estaba explicado por D’s hasta el más mínimo detalle, pues si faltaba alguno de esos detalles de los sacrificios, se echaba todo a perder, así como ocurre con las criaturas de la naturaleza que están formadas por todo tipo de elementos y células combinados de una manera determinada y en una cantidad determinada, y si falta alguno de ellos o la relación entre ellos se desequilibra, crecerán con deficiencias o imperfecciones, o tal vez no existiría alguna planta o algún animal, o algún miembro de alguno de ellos.

Así también está especificado en nuestra Torá quién debe comer cada parte del animal o si debe quemarse, y quiénes deben hacer el servicio a D’s y cómo deben estar vestidos, y más que todo el Cohen Gadol a quien se le dio permiso para allegarse hasta el lugar más sagrado, el lugar de la Divinidad: el arca de la Torá. También están descriptas las condiciones que deben cumplir respecto de santidad y pureza, y las plegarias que deben rezar y muchas otras cosas que si vendríamos a detallarlas nos extenderíamos demasiado.

Así también respecto de la forma del Mishkán que le fue mostrado a Moshé en el monte Sinaí junto con la menorá y la mesa, y el arca y todo lo que se necesitaba, le fue mostrado espiritualmente a Moshé cómo debería ser su forma material, así como el Gran Templo que construyó Shlomó le fue mostrado a David espiritualmente, y así como también el tercer Templo le fue revelado al profeta Iejezkel.

Y no existe en el servicio a D’s una lógica humana como para que podamos comprender, tampoco podemos relacionar lo que D’s nos ordenó con otras cosas que ya supimos, y tampoco podemos crear teorías que expliquen algo, pues ya ves que los más grandes investigadores se ahogaron en el mar de dudas más grande, pues si esto sería comprensible para los hombres, los filósofos - a través de su sabiduría y entendimiento - hubieran llegado a la conclusión de que todos estos servicios son la idea que D’s tiene para el hombre, y también hubieran experimentado un acercamiento a D’s a través de una profecía, mucho más de lo que ocurrió con los hijos de Israel, pero nada de esto ocurrió con ellos.

Dijo el cuzar: Ahora entiendo, y también me quedo tranquilo aceptando la Torá sin dudas ni rechazos…".

Desarrollo:

Uno de los temas principales de la parashá Vaikrá es la idea del korbán - ofrenda. Este concepto puede ser una sorpresa, porque si el judaísmo cree en un D’s todopoderoso y trascendente, ¿cuál es el propósito del korbán? Después de todo, ¿por qué D’s, Quien crea y sostiene todo, necesita nuestras ofrendas?

Claramente, la respuesta debe ser que D’s no "necesita" estas ofrendas. Si este es el caso, ¿por qué la Torá nos ordena llevar ofrendas, y con tantos detalles? El Rambán (Najmánides), en su comentario a la Torá, trata esta pregunta presentando primero el enfoque racional e "inaceptable" ofrecido por el Rambam (Maimónides) en su libro "Guía de los perplejos": los judíos, influenciados por otras culturas, se han acostumbrado a esa clase de dependencia ritual. En lugar de permitir ritos paganos, la Torá hizo algunos cambios básicos, y le pidió al hombre que ofrezca lo que él deseaba. D’s, por su parte, no tiene necesidad de estas ofrendas.

Debemos notar que en su trabajo de leyes - el libro Mishné Torá - el Rambam dice que los korbanot son un "Jok", la clase de ley que el hombre no sabe su razón. Pero, el Rambam agrega, es ciertamente "una de las fundaciones del mundo". El método utilizado por el Rab Jaim Soloveichik para resolver esta aparente contradicción entre las escrituras del Rambam es el siguiente: Rab Jaim enseñó que cuando hay una contradicción entre la posición del Rambam en su trabajo de leyes, "Mishné Torá", y su trabajo filosófico, "Guía de los Perplejos", el primero es considerado con más autoridad, especialmente cuando, como en el caso de la razón de los korbanot, una visión filosófica es expuesta en el Mishné Torá.

Mientras que la respuesta del Rambam sobre los korbanot en la "Guía de los Perplejos" resuelve por lo menos la pregunta básica, deja un gusto desagradable, porque si los korbanot fueron simplemente una adaptación al nivel relativamente bajo de la comunidad en ese tiempo, ¿por qué la Torá trata este tema con tantos detalles? Más aún, ¿por qué estas leyes continuaron en el período del Segundo Templo, cuando los judíos no estaban ya afectados por la influencia pagana? Más aún, en el Mishné Torá, el Rambam insiste que los sacrificios serán una parte del servicio en el Tercer Templo. En resumen, mientras contesta el problema principal, el Rambam despierta nuevas preguntas.

Najmánides firmemente ataca a este enfoque y uno de sus principales argumentos es que el sacrificio antecede a la influencia pagana - la ofrenda de Cain es un ejemplo perfecto. Más aún, el korbán es descripto como algo placentero para D’s. Si el korbán es simplemente una concesión para la naturaleza frágil y espiritualmente desafiada del ser humano, ¿por qué D’s estaría contento con tal ofrenda? Podemos decir que D’s responde al korbán como un camino que tiene el hombre para buscar una relación con D’s y no con el korbán en sí mismo, pero esto parece contradecir a los versículos que tratan sobre los korbanot, como aquel que dice: "aroma grato para D’s" (ver Bereshit 8:21, Vaikrá 1:13,17. 2:2,9. 3:5. 6:8,14. 23:13,18; Bamidvar 15:3, 7, 9, 13,14. 28:8, 13,24. 29:8, 13,36).

La polémica del Rambán en contra del Rambam recuerda su ataque en contra de los comentarios que asocian al Mishkán con el becerro de oro, donde el Rambán discute que algo tan profundo como el Mishkán debe tener una explicación mejor que simplemente una respuesta por parte de D’s al comportamiento pecaminoso del pueblo. Irónicamente, el ataque del Rambán a la posición del Rambam sólo sirvió para publicitarlo, efectivamente ampliando la esfera de influencia de la misma opinión que él deseaba desacreditar.

La propia posición del Rambán es que las distintas acciones involucradas en el ofrecimiento del korbán se relacionan con diferentes aspectos de la necesidad de exoneración del hombre. El aspecto más distintivo, el esparcimiento de la sangre, tiene la intención de servir como un recuerdo simbólico de que el hombre que ha pecado, de alguna manera, perdió su propia vida.

El Jafetz Jaim acentuó que cualquier pecado es equivalente a la herejía - negación de D’s. Para que una persona peque, debe creer que D’s no existe realmente, o, en el momento del pecado, la persona debe creer que D’s no se dio cuenta de su acción o no le importa. Por otra parte se podría decir que un pecador puede aceptar la existencia Divina, pero pensar que él va a poder "sobornar" a D’s más tarde. Porque si una persona considera que D’s realmente está mirando, siempre "se cuidará", y siempre responderá a toda acción de rebelión y no podrá ser sobornada, el pecado será imposible. Es por eso que vemos que para que el hombre peque él debe exponer alguna clase de posición herética, aún con bases temporarias.

Cualquier acción pecaminosa es una separación de D’s, y en verdad, de la vida misma. Es la misericordia (rajamanut) de D’s que permite que un pecador llegue a obtener el perdón. Con este enfoque podemos ver que no es D’s Quien "necesita" de las ofrendas, sino que es el hombre el que necesita ser rehabilitado. La sangre del animal sirve como un recuerdo vívido de la vulnerabilidad y mortalidad del hombre. Esta experiencia de "casi muerte" quiere ser un ímpetu para el crecimiento espiritual, llamando al hombre a sacrificar al animal que está dentro de él, que le provoca a él pecar.

El korbán, es entonces, una experiencia poderosa que toma en consideración el aspecto psicológico del hombre. Después de dar esta explicación el Rambán escribe:

"Y de acuerdo con el camino de la mística hay en los korbanot un gran secreto…el nombre de D’s usado exclusivamente al respecto no es "E-l"… ni es "Elohim"…sino que es el nombre compuesto por las letras 'iud', y 'he', y 'vav', y 'he', el nombre único, …que nadie piense que el korbán es para alimentar a D’s" (Comentario del Rambán a Vaikrá 1:9).

El Rambán nos recuerda que el nombre de D’s ('iud', y 'he', y 'vav', y 'he') se refiere al aspecto trascendente de D’s; es el nombre que indica que D’s está más allá del entendimiento del hombre. Al emplear este nombre y excluir todos los otros nombres de D’s, señala la incongruencia de la idea de "las necesidades de D’s". El nombre Elohim, por otro lado, se refiere a D’s como Juez y Creador, conceptos que el hombre puede comprender. Si este nombre de D’s hubiera sido utilizado en conexión con los korbanot, uno podría haber estado tentado a imaginar que es posible dar un "soborno". Pero, cuando nosotros contemplamos que los korbanot son ordenados por D’s ('iud', y 'he', y 'vav', y 'he'), entonces nos damos cuenta que no podemos ofrecer ninguna coima. El siguiente pasaje en el Talmud es la fuente de la enseñanza del Rambán:

"Fue enseñado: Rabí Shimón ben Azai dijo: vengan y vean lo que está escrito en el capítulo de los sacrificios. Ni 'E-l'… ni 'Elohim'… está escrito allí, sino sólo HaShem ('iud', y 'he', y 'vav', y 'he'), para no dar a los herejes ninguna posibilidad para rebelarse" (Menajot 110a).

Además, este "nombre" indica la cualidad de encontrarse por encima del tiempo. Esto puede ayudarnos a entender cómo el perdón tiene lugar: si un hombre pecó ayer, y hoy se arrepintió, ¿cómo puede su presente actitud deshacer lo que él hizo ayer? Si nosotros entendemos que D’s se encuentra por encima del tiempo - verdaderamente, D’s crea el tiempo - y nosotros tratamos de restablecer una relación con D’s, entonces el tiempo se transforma en menos que un factor. Cuando el hombre se conecta con el D’s trascendente, "ayer" se transforma en una perspectiva humana limitada que ya no lo limita. Este es el misterio de la Teshuváh, y del perdón. El hombre hace "Teshuváh"; él retorna a D’s, y D’s lo perdona. Esto explica por qué la palabra "korbán" deriva de la raíz "K R V", "acercamiento". El korbán es el acto que permite al hombre acercarse a D’s. La Teshuváh no es sólo un retorno a D’s, es también un retorno a uno mismo, al potencial que hay dentro del hombre, la imagen de D’s que hay dentro de cada uno de nosotros. Cuando el hombre hace Teshuváh, él retorna al corazón de la divinidad que hay dentro de él, a ese "tzelem Elohim" que es su esencia.

Lo importante de los korbanot está en la rehabilitación del hombre. El judaísmo es una religión que ve el valor de la vida de los animales. El sacrificio de los animales no es una expresión de indiferencia hacia los animales. Sino que es una declaración de la importancia de la vida humana: si el precio que debe ser pagado por la rehabilitación de una persona es la vida de un animal, entonces no es un precio alto.

La clave está en la rehabilitación del hombre, en que él encuentre la imagen de D’s dentro de él. Como D’s es compasivo, así el hombre debe ser compasivo. Las personas, sin embargo, tienen una tendencia hacia el paganismo, y en lugar de pasar por un cambio profundo y real, el hombre prefiere con frecuencia "pagar el precio" financieramente, sin hacer cambios internos. En las palabras del Profeta Oshéa:

"Jesed jafatzti, velo zévaj… - Porque yo deseo bondad, y no sacrificios; y la sabiduría de D’s yo deseo más que los sacrificios" (Oshéa 6:6).

El término que es utilizado por el Profeta es "zévaj" - matanza. Esto está muy lejos del "korbán" que, como ya hemos visto, cuya raíz es "K R V", que significa acercarse. Cuando uno mata a un animal sin propósitos elevados, uno ha "matado". Esto, nos dice el Profeta, está muy lejos del imperativo Divino.

Este punto está claramente evidenciado por una trágica historia contada en el Talmud, de dos cohanim que se dispusieron a hacer un sacrificio Divino:

"Nuestros Rabinos enseñaron: pasó una vez que dos cohanim corrían y subían por la rampa y se adelantó uno de ellos dentro de los dos metros del otro, sacó un cuchillo y se lo enterró en su corazón. Se paró Rab Tzadok y dijo: hermanos nuestros, la casa de Israel, escuchen, está escrito: "cuando se encuentre un cuerpo en la tierra deberán salir los ancianos y los jueces…" (D’varim 21). ¿Quién de nosotros debe traer un sacrificio expiatorio…? Empezó el pueblo a llorar. Vino el padre del niño y lo encontraron todavía con vida pero agonizando. Él dijo: 'qué sea él vuestra expiación. Y todavía mi hijo está con vida y el cuchillo no se impurificó'. Para enseñarte que para ellos es más dura la impureza de los utensilios que el derramamiento de sangre, y así dice: 'Y también mucha sangre inocente derramó Menashé hasta que llenó a Jerusalem completamente'" (Iomá 23a).

Cuando un cohen precedió a su amigo, el último apuñaló a su colega en el pecho. Él también pudo haber atacado al Templo, porque esta historia muestra claramente el mal uso y el total mal entendimiento de la vida religiosa. El Templo estaba para servir como el símbolo de la vida religiosa, no como un sustituto de vida ética. En respuesta a este tipo de comportamiento, el Templo se destruyó.

Puesto que el hombre se desvía de sí mismo y de D’s, los korbanot fueron necesarios para reenfocar, para recordar al hombre de su mortalidad, por un lado, y de su misión, por el otro. Los korbanot tuvieron la intención de ser un medio para llegar a un fin, un camino hacia el encuentro de nuestro propio "tzelem Elohim". Los korbanot fueron la llave que permitiría que el hombre recupere su enfoque, en un intento de arreglar al mundo, y no alguna clase de ritual mágico necesario para aplacar a un D’s enojado. El judaísmo, con sus intereses universales, pidió korbanot como una manera de tomar la profunda experiencia religiosa asociada con el Templo y llevarla a la vida de cada individuo. El judaísmo es holístico, con intereses "religiosos", que resuenan en ambos dominios, el espiritual y el secular.

La experiencia del korbán en el Templo tuvo la intención de "derramar" su efecto haciendo impacto en cada uno de los aspectos de nuestra vida. En el momento en que las personas pongan al ritual por encima de los temas sociales y morales, el Templo se transforma en un obstáculo más que en un lugar de salvación, y la destrucción es inevitable.

Conclusión:

"Un hombre, cuando presente de entre ustedes un sacrificio al Eterno..." (Vaikrá 1,2)

Así nos enseña Najmánides en la introducción a su comentario sobre el Séfer Vaikrá: "Este libro es el códice de leyes concernientes a los cohanim y a los levitas, se explicarán en él todos los temas referentes a los sacrificios y al cuidado debido al Santuario o Tabernáculo.

Ya que un libro entero trató sobre el destierro y la redención de él (Séfer Shemot), terminando con la construcción del Tabernáculo y su inauguración donde la Presencia de HaShem se asentó dentro de él, ahora la Torá ordena una serie de sacrificios y de reglas para el mantenimiento de la pureza de este Santuario, de modo tal que sean estos sacrificios una expiación para el pueblo y así los pecados de Israel no causen el retiro de la Presencia divina de sobre el Tabernáculo..."

En buena hora se concluyó la construcción del Tabernáculo y pasó a ocupar un lugar central en la vida y en la distribución del campamento de Israel, como centro de este campamento fue ubicado estando las tribus distribuidas a su alrededor en los cuatro puntos cardinales, expandiéndose de este modo la santidad del Tabernáculo en todos los ángulos del universo.

Ahora bien, la construcción de este Santuario tuvo una finalidad, este finalidad constituye el punto central de este tercer libro del la Torá, es decir el sistema de los sacrificios.

Este tema, no obstante para un ser humano educado bajo perspectivas diferentes de vida espiritual, cualquiera que esta sea, resulta un sistema extraño, ajeno por completo a los devenires de su espíritu. Es en pocas palabras un tema que se contradice con sus impresiones, sensaciones y conciencia civilizadoras, por lo tanto suele ser rechazado o interpretado como un acto del pasado, un ritual bárbaro que no tiene cabida dentro de su mundo moderno.

Sin embargo, del hecho que observamos que dicho sistema se extiende en casi todo este libro, siendo el centro de todos los demás subtemas que se desprenden, resultaría muy superficial contemplarlo como un rito del pasado carente de significado para el hombre contemporáneo... la Torá es eterna y se refiere a la eternidad, o sea, en términos muy simples, a una continuidad de ideas cuya vigencia no se pierde.

La falta de sensibilidad de esta generación para percibir los conceptos que constituyen la esencia de los sacrificios es una carencia que el propio hombre padece, y por ende para poder comprender algo de su profundidad debemos viajar a lo interior del hombre y abrir desde dentro de lo humano una puerta a esta expresión de la Santidad.

El hombre contemporáneo, dentro de sus sistemas, suele rechazar estos capítulos, contempla a aquel que se dedica a degollar animales distancia y como en el Tanaj (Biblia) se encuentran muchos otros temas, especialmente de elevada espiritualidad y abstractos, aprende a separar entre ambos y a ubicar un grupo de conceptos a nuestra vida moderna y otros a los relatos antiguos.

Según el modo de pensar del hombre moderno, las descripciones de estos procedimientos pertenecen a épocas primitivas, mientras que los grandes profetas, aquellos que expresaron ideas de ética y humanismo, aquellos que enseñaron los conceptos de justicia, equidad, verdad, etc. consideran más cercanos a su espíritu.

A pesar de la aparente contradicción entre las enseñanzas humanizantes de los grandes profetas y los ritos realizados en torno a los sacrificios, diferencia que era evidente a los sabios del Talmud, y que a pesar de su perfil antagónico supieron los sabios del Talmud profundizar en su mensaje para sus generaciones y también para las nuestras.

Nuestros sabios supieron que el sistema de presentar sacrificios es un fundamento principal y parte inseparable de la Torá de Israel, y este fundamento no se contradice con las ideas generales de justicia y equidad, sino que por el contrario concuerda con ellas de manera sorprendente.

El principio de presentar sacrificios es visto por la tradición como un procedimiento enraizado en los orígenes mismo de la humanidad: "Y tomó El Eterno, Dios, al hombre y lo depositó en el jardín del Edén para trabajarlo y para cuidarlo" (Bereshit 2,15). Sobre esto enseñaron (es decir sobre el trabajar y cuidar el jardín, el mantenimiento humano): "estos son los sacrificios".

Así Abraham declara: "¿Cómo sabré que la he de heredad? Rab Jiyá Ben Janiná dijo: "le dijo Abraham a HaShem, ¿Con qué mérito ameritaré heredar la tierra de Israel? Le respondió HaShem: con el mérito de los sacrificios. (Cf. Midrash Raba 44,17).

Estos testimonios nos enseñan que según la perspectiva de la Torá, tal como la hemos recibido de nuestros sabios, el servicio en el Templo y en especial el ofrecimiento de sacrificios es la base del mantenimiento humano e incluso el mérito por medio del cual el pueblo de Israel recibirá la tierra prometida.

Esta visión de los sabios de Israel sobre el contenido profundo de los sacrificios pone de manifiesto la comprensión superficial del Tanaj, en tanto dividido entre conceptos de elevada espiritualidad, como aquellos traídos por los profetas, y todo el sistema de preceptos que cubren el ofrecimiento de sacrificios.

Los principios que se encuentran como base de este tema dentro de la Torá constituyen, como podemos aprender de lo estudiado en el Midrash, parte inseparable del desarrollo de nuestra sociedad en tanto quiera verse conectada a HaShem.

Najmánides en su comentario a la Torá (Vaikrá 1,9) fuera de sintetizar el libro que comenzamos ahora a estudiar, el libro de Vaikrá, define también el sentido de los sacrificios desde un punto de vista etimológico, al decir que la palabra que define sacrificio en hebreo "korbán", proviene de la misma raíz que el verbo "acercarse", expresando de este modo el sentido básico de la ofrenda, o sea un acercamiento al HaShem que se concreta a través del arrepentimiento en toda su complejidad.

El alma humana necesita para poder volver a acercarse al Creador de un sistema que le permita comprender y percibir su retorno como algo concreto, no es suficiente un acercamiento abstracto por medio de buenas voluntades, es necesario algo tangible. Así Najmánides explica que está subyacente en el concepto de "korbán" (sacrificio) la idea de volver, de retornar, y aunque no todos los sacrificios se refieran precisamente a expiación de pecados en todas sus formas, ya que hay sacrificios que tienen otros fines, el punto central que une todo ofrecimiento de este tipo es un acercamiento a HaShem.

Esta definición de "korbán" como acercamiento es totalmente contraria a aquella que posee este término en otros idiomas, en las cuales el significado de la palabra es presentar una ofrenda, un regalo, no siendo solamente una problema semántico, sino que es y principalmente lo es un problema de visión de mundo. Si bien para poder verter a otros idiomas el concepto de "korbán" utilicemos las expresiones de ofrecimiento, presentación, etc. no debemos perder la perspectiva de su significado original, es decir acercamiento.

No obstante, el hombre moderno puede preguntar si esta es la forma más apropiada de acercarse al Creador, sin entrar a explicar el sentido también profundo de un cuestionamiento así, prácticamente basado en la pérdida de nuestra sensibilidad para lo Divino, tal como se expresa en los sacrificios, nos concentraremos en la pregunta específica: ¿Es esta en verdad una forma de acercamiento? Ciertamente a HaShem la persona se acerca a través de constantes pruebas y enfrentamientos con fuerzas contrarias a su deseo de espiritualidad, aquellas se presentan como tormentas en su corazón.

En cada etapa existe la necesidad de sobreponerse a los instintos e inclinaciones, por medio de actuar correctamente, con la visión puesta en el cumplimiento de los preceptos, reflejo de la voluntad divina, y cada logro es un peldaño en su crecimiento como un hombre dotado de personalidad espiritual. Esta unidad que se busca es atraída a partir de la unidad del Creador.

Cuando el ser humano peca, crea una barrera entre él y su Creador. Esta barrera se extiende por todos los ámbitos de la vida de pecador y de pronto la presencia de HaShem comienza a ser una presencia extraña, el pecador como que siente que su vida está vacía de algo superior a lo cual referirse, sus expresiones espirituales comienzan a perder sentido y a vaciarse de contenido, pasan a ser meras rutinas del lenguaje y de la acción.

Este alejamiento manifiesta en forma clara y esencial la realidad del pecado y su consecuencia inmediata, una pérdida completa de sensibilidad para con lo Divino. Como corrección de este punto crítico, debido al hecho que el alejamiento del Creador es nefasto para nuestra propia existencia, se presenta una de las dimensiones del sacrificio, es decir la expiación, a través de la expiación que conlleva el sacrificio como nos enseñó Najmánides volvemos a reencontrarnos con HaShem, cuando nuestra alma se aferre nuevamente a su fuente vital.

Esta es la realidad última de los sacrificios y esto los convierte es mantenimiento y mérito para residir en nuestro lugar específico – la Tierra de Israel.

Shabat Shalom.

Haftarat Vaikrá Ieshaiahu 43: 21 – 44: 23

En nuestra haftará leeremos una profecía de reprimenda al pueblo de Israel por haberse desviado por el camino de la idolatría, extraída del libro del profeta Ieshaiahu (siglo VII a.e.c. aprox.).

A pesar de haber leído en parashá Vaikrá sobre los sacrificios, en todos sus detalles, apenas comenzamos a leer la haftará de esta semana descubrimos que el pueblo de Israel no cumplió con lo que se exigía:

"Y no a Mí has invocado, Iaakov; ya que te has cansado de Mí, Israel. No me trajiste a Mí el cordero de tus holocaustos y mediante tus sacrificios no Me has honrado, No te hice servirme a través de una ofrenda y no te he cansado a través del incienso" (43:22-23)

¿El pueblo no ofrecía sacrificios en absoluto porque no estaban de acuerdo con matar animales, ya que esto contradecía su filosofía respecto de la vida? No. Ellos sí sacrificaban animales pero en vez de sacrificarlos en nombre de D’s, lo hacían en nombre de otros dioses.

El cordero de sus holocaustos (una clase de sacrificio) se lo llevaban a los ídolos, y eso evidentemente, es algo que D’s no lo aceptaba, pero… ¿D’s quería que se los lleven a Él, o en realidad lo único que quería era que no se los lleven a los ídolos?

Encontramos un versículo que dice: "¿Desea D’s holocaustos y sacrificios…?" (Sh’muel I -I Samuel- 15:22), y realmente, así como se entiende de este pasuk que D’s en realidad no está interesado en sacrificios, hay en todas las profecías del Tanaj muchos más versículos similares a éste. Pero esto no está suficientemente aclarado, pues D’s mismo fue Quien ordenó en su Sagrada Torá todas las leyes concernientes a los sacrificios!

Rab Iehonatán Aibshitz (1690 - 1764) en su libro "Ahavat Iehonatán" dice que todo esta aparente contradicción se puede explicar a través del pasuk que dice: "Ordena a los hijos de Israel y diles a ellos: Mi sacrificio, Mi pan para Mis fuegos, el olor de Mi agrado, cuídense de ofrecerlo para Mí, en su tiempo" (Bamidvar 28:2).

En verdad - dice nuestro autor - es extraño que D’s llame a los sacrificios "Mi pan" o "el olor de Mi agrado", pero todo quedará debidamente aclarado al comprender el profundo significado de las palabras "para Mis fuegos".

¿Cuál es el beneficio que los pecadores obtienen de los sacrificios? Cuando el hombre peca es por causa del fuego del iétzer hará (el impulso del mal) que arde dentro de él como una antorcha. Es por eso que D’s, que ajusticia a la persona midá kenegued midá, es decir a través de un castigo similar al pecado cometido, tendría que purificar a ese alma en el guehinam (infierno) a través del fuego y las brazas, así como encontramos respecto de la casherización de los elementos de cocina que fueron usados con alimentos impuros, donde la Torá ordena: "Toda cosa que fue usada a través del fuego la quemarán al fuego y se purificará" (Bamidvar 31:23).

Pero D’s con Su infinita misericordia, decidió que el castigo no se haga efectivo, y en lugar de eso se deberá traer un animal, sacrificándolo y quemándolo sobre el fuego, ya que ese animal es de hecho un sustituto del hombre, que es quien realmente debería estar allí, sobre el altar.

Cuando al referirse a los sacrificios la Torá dice: "Mi sacrificio, Mi pan para Mis fuegos", esto nos viene a enseñar que la razón por la cual D’s ordenó los sacrificios, es por causa de las personas que se desvían de Su camino y de Sus palabras. D’s solamente quiso que tengan expiación por sus pecados, y por eso dice nuestro versículo: "No me has traído a Mí el cordero de tus holocaustos" - como diciendo: "a Mí no me lo has traído, pues Yo no he tenido ningún beneficio de él, pero sí te lo has traído a ti, pues lo has traído para tu beneficio".

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-. Perla de la Parashá -.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

"Habla a los hijos de Israel y diles a ellos: Cuando una persona, de ustedes, ofrezca un sacrificio a D-s…" (Vaikrá 1:2).

En esta parashá encontramos que después de haberse terminado la construcción del Tabernáculo, D-s le ordenó a Moshé Rabenu las leyes de los sacrificios. La Torá ordena que los animales que debían ser usados para los sacrificios deben ser "de ustedes", o sea que debían pertenecer a los oferentes y no ser robados. En otras palabras, está prohibido cumplir

Una mitzvá mediante la realización de una transgresión de otra mitzvá ya que las mitzvot que cumplimos deben ser "limpias" y puras.

Por el Rab Yosef Meyer Medrez

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