sábado, 21 de agosto de 2010

Parashá Ki Tovo

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Resumen Parashá Ki Tovo

"Y escribirás sobre las piedras todas las palabras de esta Torá" (Devarim 26,8)

¿Qué hacen estas piedras aquí?

Las piedras eran grandes y pesadas. Piedras, que el comandante Yehoshua mandó tomar del fondo del rió Jordán. Los cohanim todavía estaban parados en su posición en el centro del rió, cuyas aguas se habían paralizado, en sus manos el arca santa, en la cual estaban depositadas las Tablas de la Ley. En un gesto tan simbólico como profundo, Yehoshua mandó a doce hombres, que fueron además escogidos para esta misión de entre las tribus de Israel, que vuelvan al lugar donde los cohanim se habían parado y debían realizar lo siguiente:

"Y levantará cada hombre una piedra sobre su hombro según el número de las tribus de Israel... y levantaron doce hombres piedras desde el fondo del rió... y pasaron junto con ellas al lugar del campamento y las dejaron allí" (Yehoshua 4.5-8)

Pero con solo haberlas traído no terminó esta actividad de suyo extraña, según la tradición oral que nuestros maestros nos han transmitido en el Talmud, estas piedras estuvieron en el centro de la atención del pueblo, el día que atravesaron por el Jordán.

Estas piedras causaron sensaciones especiales, desplazaron la normal concentración en un enfrentamiento esperado con los habitantes de Canaán y diluyeron la tensión ante lo inesperado del nuevo límite geográfico. Incluso los pensamientos propios de una nación que está ya dentro de las metas tan deseadas, dentro de los límites de la tierra prometida a los patriarcas, parecen opacarse frente a la imagen de simples piedras, descubriremos que estas piedras no son simples, sino que contienen un mensaje eterno. Así se declara:

"Ven y ve, cuantos milagros fueron hechos a Israel en aquel día. En el día en que atravesaron el Jordán, llegaron al monte Guerizín y al monte Eval, una distancia de más de sesenta millas y ningún ser humano podía oponerse a ellos. Después trajeron las piedras, construyeron un altar y lo pintaron con cal, y escribieron sobre el toda la Torá con clara explicación, en setenta idiomas, entonces presentaron holocaustos y sacrificios, y comieron y bebieron y se alegraron... después sacaron las piedras y vinieron a dormir a Guilgal" (Yalkut Shimoni, Yehoshua 14)

Y así, con una guerra inminente, sin embargo vemos que Israel apareja un sistema completo de preparativos que ciertamente nos parecen lejanos de la realidad que les tocará presenciar. Como si fuera el primer preparativo bélico, el ejército sale a realizar una operación: la operación "piedras", rápidamente en las regiones de Naplusa.

Allí presentaron holocaustos y sacrificios, comieron, bebieron y se alegraron y rápidamente volvieron a su base central – Guilgal, sin olvidar de llevar consigo las piedras. Estos fueron los primeros pasos dentro de la tierra prometida, cuando finalmente lograron ingresar a la heredad de promisión, se dedicaron a este ritual que aparentemente es extraño. Al día siguiente, por el contrario, comenzarán a prepararse para el combate contra Jericó.

Aunque aparentemente toda esta operación parezca extraña, el pueblo de Israel en aquellos momentos la habían extraído de los versículos de nuestra parashá, Moshé fue quien había dejado estas instrucciones, siendo una de las últimas instrucciones de su vida:

"Y será el día que atraviesen el Jordán a la tierra... levantarás para ti grandes piedras y las pintarás con cal" (Devarim 27.2)

Los hijos de Israel cumplieron esta orden de Moshé con completa fidelidad, como hemos leído en el libro de Yehoshua y como se explica en los diferentes relatos del Midrash. Pero frente a estos hechos se presenta una pregunta: ¿Cuál es el objetivo de levantar piedras y pintarlas con cal? ¿Por qué se las valorizó tanto?

Otro punto en cuestión dentro de los detalles que conforman el grueso de la orden, resalta como un tema que ya muchas veces anteriormente hemos estudiado, Moshé quiere enraizar en el corazón del pueblo el motivo para el cual han de ingresar dentro de la tierra de promisión, así se declara:

"Y escribirás sobre ellas las palabras de toda la Torá, cuando atravieses, para que cuando llegues a la tierra que Hashem, tu Dios, te ha dado – una tierra que fluye leche y miel... y así será cuando atravieses el Jordán levantarás estas piedras... con clara explicación" (Ibíd. 3-8)

Estas piedras representaron por lo visto un testimonio de múltiples finalidades, siendo el día en que ingresaron a la tierra de Israel un momento de especial elevación ya sea emocional, espiritual y nacional, el hecho de tomar un símbolo que exprese estos vínculos humanos tan hondos y los proyecte dentro de los límites de la Torá.

Más allá de las contingencias propias de una conquista, del enemigo resguardado en sus ciudades, y de los muchos desafíos que les esperan, es necesario que en esos momentos el corazón del Israel se defina como netamente espiritual, estas piedras son un testimonio de esta espiritualidad, una identificación con el mensaje primario recibido por el pueblo en el monte del Sinaí.

Sobre estas piedras escribieron la Torá, aunque las opiniones de los comentaristas difieren en qué fue precisamente lo que escribieron (si toda la Torá, si partes escogidas de ella, si un texto resumido de todos los preceptos, etc.), es claro no obstante que la propia escritura tomó tiempo, y todo ese tiempo, el pueblo observa a los escribas y las impresiones que esta labor crea va internalizando en Israel el motivo preciso por el cual están ahora aquí – estos límites son límites principalmente espirituales, son por y para la Torá.

Ya escuchamos en las instrucciones finales de Moshé, "para que cuando llegues a la tierra", como si con una fuerza fundacional nos dice llegará a esa tierra para lo que escribirás en este testimonio: Torá. El temple espiritual del pueblo judío se ha formado desde los albores de la libertad, cuando salieron de Egipto, en los momentos culmines de la victoria (cruce por el mar, entrega de la Torá, vencer a reyes, etc.), también en los oscuros momentos de tropiezo y todo esto para qué, no fue todo este periplo por el desierto solamente una preparación para guerras y contiendas, para apoderarse de ciudades y fortificaciones, sino que fue para algo mucho más hondo, algo enraizado en los principios mismos de la creación, cumplir la voluntad divina. La voluntad divina escupida en piedra es el testimonio y símbolo de la misión de Israel en el mundo.

Sobre estas piedras cuando fueron erigidas en el monte Eval, después de pintarlas con cal, fue escrita la Torá con una clara explicación, es decir en setenta idiomas, como nos enseña el Midrash. Este detalle en la instrucción es de suyo sobresaliente, simplemente todas las naciones del mundo, cuyo número simbólico es setenta, deben también entender en sus propios términos los mensajes espirituales que el Creador de todos los hombres enseñó a los hijos de Israel.

La finalidad de esta escritura multilingual, junto con la necesidad de hacer comprender a las naciones los mensajes divinos tiene sin embargo otro sentido, esta vez para Israel. Los hijos de Israel deben comprender que el ingreso dentro de los límites de la tierra crea una responsabilidad, ya que la tierra de promisión no es solamente un fin sino que es el principio de toda la labor educativa del pueblo; la tierra de Israel no es solamente una heredad, sino una misión – Israel un hacedor de puentes entre la humanidad y el Creador.

Este hacedor de puentes, debe comportarse de manera tal que su ejemplo personal sea el puente requerido, si cada uno de nosotros logra internalizar el mensaje de las piedras erigidas en las cercanías de Naplusa, y con estos mensajes construye una personalidad ejemplar entonces una de las últimas órdenes de Moshé, casi una instrucción testamentaria, habrá sido cumplida por su pueblo.

No es extraño por tanto darnos cuenta que precisamente allí, en las cercanías de Naplusa, cientos de años antes el fundador de la nación, nuestro patriarca Abraham, haya recibido esta bienaventuranza:

"Y serás bendición... y se bendecirán contigo todas las familias de la tierra" (Bereshit 12.2-3)

Resumen de Haftarat Ki Tovo

Ieshaiahu (Isaías) 60:1-22

Esta semana leeremos la sexta de las siete haftarot de consuelo para los hijos de Israel, que fueron extraídas del libro del profeta Ieshaiahu.

"Levántate!, ilumina!, pues ha llegado tu luz, y la Gloria de D'os sobre ti brilló" (60:1)

El profeta le habla a la ciudad de Jerusalem y le dice que se levante e ilumine con su luz de felicidad y benevolencia, pues ya le ha llegado a ella la luz que le corresponde, es decir que ha llegado para ella el tiempo de la Redención Final.

"Pues he aquí que la oscuridad cubrirá la tierra, y las tinieblas a los pueblos, mas sobre ti brillará D'os y Su Gloria sobre ti se verá" (60:2)

A pesar de que sobre todas las naciones del mundo recaerán muchos sufrimientos, la ciudad santa no debe temer, ya que sobre ella D'os hará brillar la luz de Su Salvación. En el futuro por venir "será de D'os el reinado" (Ovadiá -Abdías- 1:21) "y D'os será rey sobre toda la tierra; en ese día D'os será Uno y Su Nombre será Uno" (Zejariá -Zacarías- 14:9).

Pero existe lugar para formular una pregunta. El profeta dijo: "Y mi servidor David será rey sobre ellos y un sólo pastor todos tendrán…" (Iejezkel -Ezequiel- 36:24), entonces, si habrá un pueblo en la tierra que tendrá un reino, ¿esto no se contradice con el hecho de que D'os será el único que reinará sobre toda la tierra? El pueblo de Israel no puede tener dos reyes!

El "maguid" de Duvna (Rabí Iaacov Krantz, 1741 - 1804), en el libro "Cojav Miiaacov", nos enseña que la respuesta a esta pregunta se puede aprender de las palabras de Nuestros Sabios del Talmud, al interpretar (no literalmente) un versículo de la Torá de parashat Vaetjanán:

"'No porque ustedes son los más numerosos entre los pueblos es que D'os os ha deseado y os ha elegido, pues ustedes son el más pequeño entre todos los pueblos' (Devarim -Deuteronomio- 7:7). Le dijo el Santo - bendito es Él, a Israel: Yo los deseo a ustedes pues incluso cuando Yo los engrandezco a ustedes, ustedes se empequeñecen delante Mío. Engrandecí a Abraham, mas él dijo: 'Mas yo soy polvo y cenizas' (Bereshit -Génesis- 18:27). Engrandecí a Moshé y a Aharón, mas ellos dijeron: '¿Nosotros qué somos…?' (Shemot -Éxodo- 16:8). Engrandecí a David, mas él dijo: 'Mas yo soy un gusano y no una persona…' (Tehilim -Salmos- 22:7)…" (Julín 89a).

El Talmud nos quiso explicar que ninguno de estos personajes bíblicos tomó para ellos algo de la grandeza mediante la cual D'os los engrandeció a ellos, atribuyéndosela a ellos mismos y enorgulleciéndose por todo el poder y la riqueza que poseían. Ellos solamente quisieron cuidar el honor y la honra de D'os, y lo único que desearon hacer durante toda su vida es estar al frente del pueblo de los hijos de Israel para transmitirles a ellos la Sabiduría y la Ética Divina. Ellos solamente quisieron enseñarles al pueblo los caminos de la Divinidad y toda cosa buena.

Y a esto se refirió el rey David al decir: "A ti, D'os, te pertenece la grandeza, el poder, la gloria, el esplendor, la magnificencia, todo lo que hay en los cielos y en la tierra; a ti, D'os, te pertenece el reinado y la soberanía sobre todos los líderes" (Divré Haiamim I -I Crónicas- 29:11). El rey David dijo estas palabras pues la intención de D'os al engrandecer a los elegidos del pueblo realmente fue engrandecer Su Santo y Puro Nombre, y a pesar de que Él engrandece a los líderes del pueblo, toda esa grandeza y toda esa gloria finalmente vuelven hacia Él.

Un reino como este será el que habrá en el mundo por venir. No es que se empequeñecerá Su Honor y Su Honra sino todo lo contrario, Su Gran Nombre se engrandecerá aún más. Y por eso dijo el profeta Ieshaiahu: "Pues he aquí que la oscuridad cubrirá la tierra, y las tinieblas a los pueblos, mas sobre ti brillará D'os y Su Gloria sobre ti se verá", pues Su Gloria se reflejará sobre los hijos de Israel, ya que el pueblo no contrariará Su Grandeza y Su Unicidad, sino que gracias a ellos ella se expandirá y se dará a conocer.

Perla de la Parashá Ki Tovo

"Habló Moshé y los sacerdotes de la tribu de Levi a todo el pueblo de Israel diciendo: Presta atención y escucha Israel: Este día te has convertido en una nación…" (Devarim 27:9).

Este día, en el cual has aceptado mediante juramento cumplir con la Torá, te has convertido en una nación. La nacionalidad de nuestro pueblo no comenzó cuando recibimos la tierra de Israel, ni cuando tuvimos una lengua propia, sino, precisamente, en el momento que aceptamos el yugo de la Torá, incluso que todavía estábamos en el desierto, sin una tierra, y sin medios naturales para subsistir como pueblo. Esa es la particularidad de la nacionalidad de nuestro pueblo.

martes, 17 de agosto de 2010

Parashá Ki Tetze

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Resumen Parashá Ki Tetze

Oficina de objetos perdidos... "De devolver devolverás a tu hermano..." (Devarim 22.1)

Entre los preceptos que contiene esta sección de la Torá, nos encontramos con la obligación de devolver aquellos objetos que se encuentran perdidos, previa investigación sobre sus dueños. Nuestra parashá es un capítulo más en el discurso de Moshé a la nación, antes de su fallecimiento. Todos los preceptos con que nos topamos son concretos y prácticos.

Tratan en su gran mayoría de situaciones, al menos aparentemente, "nimias" que surgen en el proceso de la vida; acciones pequeñas que simplemente ocultan ciertos sentimientos y requieren un desarrollo también no necesariamente profundo.

A simple vista esta sección de la Torá contiene pasajes que no abundan en filosofías, sino que preferentemente en la cualidad de la vida, instrucciones sociales para una generación que construirá la nación hebrea dentro de límites territoriales, por lo tanto son normas concretas que de uno u otro modo se conectan con las reglas de la guerra aprendidas en la parashá precedente, por ejemplo: leyes sobre la herencia, cómo actuar frente a un hijo rebelde, cómo honrar al ser humano muerto, la honradez en las pesas y medidas, etc.

Dentro de estos preceptos resalta por su simpleza la obligación de devolver los objetos perdidos como ya indicamos, idea general que contiene muchos detalles y conforma elementos espirituales y sociales en el hombre.

Los siguientes versículos fijan el marco dentro del cual se encuentra el precepto de devolver los objetos perdidos:

"No verás la burro de tu hermano.... y te desentenderás de él, de devolver lo devolverás a tu hermano. Si tu hermano no está cerca tuyo... llevarás (la pérdida) a tu casa ... hasta que tu hermano te la pidiera, y entonces se la devolverás" (Devarim 22.1-3).

Incluso una persona que jamás tomó nada que le perteneciera a su prójimo, nunca se llevó como recuerdo un cenicero de algún hotel, verá como algo permitido sin duda levantar algún objeto caído que de seguro se le perdió a alguien en la calle. No es una situación común que sea devuelto a sus dueños y no se deduce de suyo que alguien se esforzará en buscar al dueño, incluso que la pérdida tenga algunas mínimas señales que permitan una identificación, aunque sea también mínima".

Los hechos por si mismos se presentan como un grupo de posibles motivos para no devolver la pérdida, el dueño del objeto perdido no es conocido por el hombre, por lo tanto todo sentimiento con respecto a la propiedad del prójimo se derrumba de pronto. Es por lo tanto muy directo pensar que si alguien encuentra un reloj perteneciente a un pariente, a un amigo o conocido, lo devolverá sin retraso; pero la pérdida perteneciente a un extraño, a una persona completamente anónima...

Por lo tanto, hay que poner atención al estilo personal y educativo de estos pasajes, que directamente se dirigen a los sentimientos de hermandad (la palabra "tu hermano" es mencionada cinco veces), y esto para aludir y enseñar que debemos abrir dentro nuestro un sentido de hermandad que nos incluya a todos, algo como "todo Israel son hermanos", porque así no podrás desentenderte de la pérdida de tu hermano, ya que ahora esta pérdida pasa a tener para la persona que la encontró un cierto valor de cercanía con su dueño.

Sin embargo, la obligación de devolver las pérdidas es bastante más amplia de lo que se entiende desde un perspectiva superficial, las palabras repetidas en este pasaje, y el estilo redundante en algunos casos mantiene oculto dentro de estos mismos términos la conducta a seguirse en la práctica.

En el primer versículo se declara: "de devolver devolverás", esta repetición de términos responde al siguiente estudio: "De devolver devolverás, si devolviste un animal perdido y se escapó, deberás devolverlo una segunda vez – así incluso cuatro o cinco veces..." (Midrash Sifrí 46).

Aprendemos de esta fuente que no es suficiente conformarse con una devolución realizada una sola vez, sino que debemos realizar esto todas las veces que sea necesario. Por ejemplo, una vaca que se escapó y fue encontrada y devuelta, si nuevamente se escapa del establo de su dueño, estamos obligados a devolverla si la encontramos, del mismo modo que si fuese la primera vez.

Incluso que esta obligación se contradiga con una cierta idea peregrina que tenemos en nuestro corazón: "¡Qué la cuide el dueño mucho mejor!, ¿Acaso, yo le debo algo?". Este precepto por lo tanto enseña, que ciertamente yo le debo algo a mi prójimo y en cierta medida recae una responsabilidad sobre todos los hombres en lo referente a la propiedad de lo otros.

Es importante aclarar, que no nos referimos a un pedido altruista que no corresponde a la realidad, así vemos que no hay obligación de devolver la pérdida, cuando a partir de esta acción se va a producir algún daño en la persona misma que encontró una pérdida. Así no está obligada la persona a interrumpir su trabajo diario para ocuparse en la pérdida del otro.

Quien profundice en el Talmud en los lugares donde se trata el tema, distinguirá un sistema completo de límites, cuyas definiciones estarán siempre referidas a las circunstancias en las cuales alguien se puede desentender de una pérdida y preferir la propiedad particular sobre la del otro o viceversa.

Así también encontramos la siguiente deducción, en un pasaje del tema están simplemente demás dos palabras: "y entonces se la devolverás", hubiese sido suficiente y decir: "hasta que tu hermano te la pidiera", y ciertamente hubiera sabido que recae sobre mi la obligación de la devolución. Por ende los maestros estudiaron de esto la siguiente normativa: "Debe realizarse una devolución real, o sea que no coma (el toro perdido) en tu propiedad según su precio y te empobrezcas por él. Por este motivo han dicho: toda pérdida que produzca frutos, pueden aprovecharse estos frutos para mantener a la pérdida, y si no produce que se venda" (Rashí al pasaje). Es claro, no obstante, que el toro perdido, en el ejemplo proporcionado, no comerá de la propiedad del que lo encontró; por otro lado, no corresponde que siendo que alimentó al animal perdido, en el momento de devolverlo no le presente al dueño una cuenta con los gastos. De o ser así nadie cuidaría pérdidas de este tipo. En los Midrashim, los sabios traen varios ejemplos de la efectividad en la práctica del cumplimiento de este precepto, especialmente por aquellos que eran muy fieles a la normativa de la halajá. Así este relato lo demuestra:

"Ocurrió con Rabí Pinjás Ben Yair, que vivía en una ciudad del sur, y fueron unas personas a buscar trabajo allí. Estas personas tenían en su poder dos medidas de cebada y las depositaron donde él, y las olvidaron y luego se fueron. Rabí Pinjás Ben Yair tomó estas semillas y las plantaba cada año, y luego con la cosecha llenó unos silos. Después de siete años fueron aquellas personas a buscar la cebada e inmediatamente los reconoció Rabí Pinjás Ben Yair y les dijo: Vengan y tomen sus depósitos" (Devarim Rabá 3.3)

He aquí, las medidas de cebada habían fructificado, en estos casos el precepto es práctico y concreto, pero además crea en el corazón del hombre un sentimiento de responsabilidad que forma el marco verdadero del pensamiento judío; ya que la preocupación por la propiedad del otro es un punto básico en las relaciones sociales dentro del pueblo. Esta situación va creando nuevas perspectivas y una sensibilidad especial para poder formar una sociedad con valores espirituales.

Si bien el precepto cubre una situación social como hemos señalado, en la cual cada persona se considera nuestra familia, y por lo tanto ya no es la pérdida de un ser anónimo, sino de un "pariente", es decir de alguien a quienes los lazos afectivos no nos permitirán desentendernos de su propiedad. Estos conceptos ideales son parte de las finalidades de los preceptos, pues a través de estos mismos preceptos se va adquiriendo una personalidad diferente.

Resumen de Haftarat Ki Tetze

Ieshaiahu (Isaías) 54:1-10

Esta semana leeremos la quinta de las siete profecías de consuelo para el pueblo de los hijos de Israel, extraídas del libro del profeta Ieshaiahu (s. VI a.e.c.). En esta profecía - que hace referencia a los días de la redención final - Ieshaiahu compara a la ciudad de Jerusalem con una mujer estéril y abandonada pero que al final dará a luz; así también ocurrirá con Jerusalem, a pesar de que sus hijos fueron llevados al exilio, y ella se asemejó a una mujer estéril que no tenía hijos, en el momento de la salvación sus hijos retornarán a ella.

Uno de los más importantes comentaristas de la Biblia llamado el Malbim (Meir Leibush Ben Iejiel Mijal, 1809 - 1879) nos ofrece un bonito comentario para explicar las palabras de D'os a su pueblo:

"Por un pequeño instante te he abandonado mas con gran misericordia te recogeré" (54:7)

Debes saber que el tiempo que te he abandonado será considerado como si sólo se hubiera prolongado por un pequeño instante en comparación con la grandeza de la futura redención, pues con gran misericordia te recogeré.

"Con enojo efímero oculté Mi Rostro por un instante de ti mas con eterna benevolencia tendré misericordia de ti, ha dicho tu Redentor, D'os" (54:8)


He ocultado Mi Rostro por un instante de ti por el enojo, pero fue sólo un enojo efímero en comparación con la benevolencia del perdón del pecado, pues Mi misericordia vino como consecuencia de la eterna benevolencia que tuve al perdonar tu pecado para siempre.

"Como las aguas de Noaj (Noé) esto es para Mí: así como he jurado que no pasarán más las aguas de Noaj sobre la tierra, así también juro no enfurecerme contigo ni reprenderte"

(54:9)

Así como he jurado en los días de Noaj (Noé) que no habrá otro diluvio sobre la tierra, pues tuve piedad por todo el mundo - para que no sea destruido, así también tú eres importante para Mí como todo el mundo, y la posibilidad de que me enoje contigo es tan dura para Mí como si traería un diluvio de agua para destruir toda carne, y así como he jurado que no pasarán más las aguas de Noaj sobre la tierra, así también juro dos juramentos:

  1. no enfurecerme contigo por tu pecado.
  2. ni reprenderte enviándote al exilio.

"Pues las montañas podrán vacilar y las colinas desmoronarse, mas Mi benevolencia de ti no se apartará y Mi pacto de paz no se desmoronará, ha dicho el que se compadece de ti, D'os" (54:10)

Pues no solamente Me es tan duro destruirte como destruir a todo el mundo, sino que además, si ocurriera que las montañas pudieran vacilar y destruya Yo a toda la creación que está sobre la faz de la tierra anulando el juramento del diluvio, de todas maneras Mi benevolencia de ti no se apartará.

El Malbim nos explica que lingüísticamente, las montañas (heharim, en hebreo) son los altos montes, y las colinas (haguebaot, en hebreo) hace referencia a los montes no tan elevados. Por otro lado, el verbo vacilar (del verbo mash en hebreo) tiene la connotación de vacilar con intención, y el verbo desmoronarse (mitmotet, en hebreo) significa que la acción tiene lugar por falta de fuerzas.

Si las grandes montañas vacilarán con intención, entonces las pequeñas colinas que están cerca se desmoronarán por su debilidad, al no tener apoyo en las grandes montañas. Basado en esto, el profeta Ieshaiahu compara la benevolencia de D'os con las grandes montañas y el pacto de paz que D'os concertó con el pueblo de Israel con las pequeñas colinas que se apoyan en la fuerza de las grandes montañas.

Así es este pacto de paz. Éste no se apoya en los méritos del pueblo de Israel sino en la benevolencia de D'os solamente, y si vacilara la benevolencia de D'os, se desmoronaría por sí mismo el pacto de paz (por su debilidad), pues el pacto en sí es débil sin la benevolencia de D'os. Pero por cuanto que la benevolencia de D'os no se apartará de ellos (pues Su benevolencia es algo eterno - ya que no depende de las acciones del pueblo y su rectitud, y es por eso que no cambia cuando cambian sus acciones), inevitable.

Perla de la Parashá Ki Tetze

"No veas al toro de tu hermano o a su cordero perdidos y te apartes; devuélveselos a tu hermano!" (22:1).

Esta prevención de la Torá se refiere a la devolución de bienes materiales, y de aquí nosotros debemos aprender acerca de la devolución de almas. Es por eso que si vemos hermanos nuestros que están perdidos no debemos apartarnos de ellos. No debemos pensar que no son nuestra responsabilidad. Debemos intentar por todos los medios que sus almas retornen a sus orígenes y sus fuentes.

domingo, 8 de agosto de 2010

Parashá Shof´tim

--------------------------------------------- Shabat Slijot

Resumen Parashá Shof´tim

En el hebreo que hablamos actualmente, solemos escuchar más de una vez una frase que así como tiene sus adeptos, también tiene sus detractores: "el objetivo santifica a los medios"... Pero en buen castizo, es posible ciertamente decir que el fin justifica los medios. Esta pregunta atraviesa muchas campos de pensamiento, morales, religiosos, sociales y por qué no decirlo también políticos.

Este cuestionamiento y la utilidad de sus consecuencias se presenta de forma muy intensa en las leyes de la Torá, entre los códigos que rigen la vida de aquellos que siguen las normas fijadas por el Creador del Mundo para la conducción de sus vidas, está eternamente presente el versículo que encontramos en la sección semanal llamada Shoftim, o sea "jueces":

"La justicia procurarás con la justicia, para que vivas y heredes la tierra" (Devarim 16.20)

Las palabras de este versículo son claras y simples, es necesario procurar la justicia actuando justamente, y no solo es una consigna de elevada moral sino que además el versículo hace depender de su cumplimiento la heredad de la tierra. Nos referiremos en este artículo a una forma que existe de justificar medios a través de finalidades que aparentemente son correctas, y veremos cual es el elevado y ético pensamiento que la Torá demanda de sus jueces, además se incorporará al concepto de justicia la idea de la relación mutua en pos de la conciliación de las ideas.

Este pasaje, que cierra un grupo de versículos cuyos contenidos son la esencia del sistema judicial de la Torá y la descripción precisa del juez hebreo, según como los dibujan las Escrituras. Es un versículo que simplemente es bastante comprensible, que demanda de un magistrado que ejerza su oficio con la justicia debida. No obstante, podemos preguntar el porqué se señala la demanda de aplicar legislación correcta con la repetición de la palabra "justicia" dos veces.

Ciertamente la profundización en la repetición del concepto en cuestión, nos revela los elementos que se encuentran en las raíces mismas del derecho hebreo y de su idea de la "justicia". Así fue como estudiaron nuestros maestros:

"Esta escrito (Vaikrá 19.15) "Con justicia juzgarás a tu prójimo" sin embargo se declara (en nuestra parashá) "la justicia procurarás con justicia". ¿A qué se refieren ambos pasajes? La respuesta es: el último se refiere a un litigio aparentemente deshonesto, mientras que el primero a un litigio genuino" (Sanhedrín 32b)

Delante nuestro, acotó Resh Lakish, tenemos dos versículos, que simplemente parecen hacer la misma demanda: juzgar con justicia. Como es sabido y como es parte del sistema de estudio de la Torá, esta no repite conceptos sin tener el objetivo de acentuar alguna idea de ello, por lo tanto en esencia la escritura de un segundo pasaje nos agrega una perspectiva distinta del concepto de justicia.

Y esto con una finalidad muy clara, para que no nos desentendamos de esta preclara idea, para que podamos construir nuestra vida según las normas que se desprenden de la justicia. El haber agregado por segunda vez una demanda de justicia, quiere enseñarnos que este concepto será definido dentro de una situación judicial diferente, de manera distinta a la definición aprendida en el primer versículo; o sea hay circunstancias en las cuales las situaciones judiciales deberán relacionarse con la justicia de manera especial.

Es decir, el primer versículo en el libro de Vaikrá, donde aparece la palabra justicia solamente una vez, hace referencia a una situación judicial regular; en aquellos litigios donde en la medida de los medios humanos y espirituales, los datos son más o menos conocidos por el juez. En estas instancias la posibilidad de llegar a conclusiones verdaderas está posibilitada por los propios datos, tal como se presentan delante del juez o los jueces.

Sin embargo, el versículo en nuestra parashá quiere presentar delante del juez una circunstancia en la cual este deberá sutilizar su sentido de la justicia. De tal modo en este pasaje se demanda del juez no solo la capacidad de estudiar datos y deducir conclusiones, sino además que la sutileza de la jurisprudencia sea un objetivo de su actuar magistral. Así explica el autor de Torá Temimá estas palabras:

"Que vuelva y sea detallista para encontrar la verdad clara. Es decir, que aumente en preguntas e investigaciones, siendo el sentido de la expresión litigio aparentemente deshonesto que el tribunal conoce que el demandante es deshonesto, o comprendieron que habían alegatos falaciosos en sus palabras – es decir en estos precisos casos el tribunal debe procurar preguntar e investigar exhaustivamente"

Es posible por ende, que se presente una situación legal, donde la justicia se incline, a causa de los muchos detalles de la ley procedural, a favor de alguno de los litigantes. No obstante, a pesar de la claridez de la situación externa, el juez intuye en el momento de los alegatos, que tiene delante de él un litigio aparentemente deshonesto. Una percepción profunda se estremece dentro de él... es posible que abogados muy expertos hayan logrado reunir de manera brillante los detalles de la ley a favor de un lado que no posee la razón. No obstate, esto es solo un impresión personal, no puede en forma clara comprobarla, pero por cuanto que ciertamente esta impresión está presente, demanda el concepto de justicia que se la tome en cuenta.

Si el juez que sospecha e intuye se protege detrás de los detalles de una ley establecida, si solamente se relacionan sus decisiones con respecto a las pruebas que se presentaron, sin relacionarse con las voces internas de su intuición, no será posible criticarlo, pues ha obrado según lo estipulado.

Por tal motivo, la Torá esperando un comportamiento diferente de parte del magistrado, ha pedido que en forma exhaustiva pregunte e investigue si así fuere necesario, sino lo hiciere caería en una especie de fin justificado por los medios, en este caso los medios son los procedimientos legales que parecen justificar un fin que puede no ser justo.

La justicia no solamente se define como un "comportarse bien", no es solamente "vivir de acuerdo a las leyes", desde una perspectiva formal. La justicia tiene como definición el acto correcto de acuerdo a la verdad absoluta.

Otra forma de explicar el hecho que la palabra justicia haya sido doblada en el versículo, podrá expandirnos el concepto mismo de justicia, así declaran los maestros en el tratado Sanhedrin (32b):

"La justicia procurarás con justicia" Una palabra "justicia" se refiere al momento del juicio y la otra palabra "justicia" al momento de un acuerdo entre las partes. ¿A qué se refiere? Dos barcos pasan por un rió, y uno alcanza al otro, si pasan los dos – los dos de hunden; si pasan uno detrás del otro – los dos pasan. Entonces, ¿Cómo se decide qué barco pasará primero? Si uno está cargado y el otro no, aquel que está cargado tiene la preferencia y pasará primero. Si uno está más cerca del puerto que el otro, aquel que está más cerca tiene la preferencia y pasará primero. Si ambos están en las mismas condiciones de carga y distancia – que hagan un acuerdo, aquel que pase primero pagará una indemnización al otro por el tiempo perdido."

Delante nuestro una expansión del concepto de justicia que abarca varios detalles novedosos. Desde una perspectiva objetiva, los datos precisos de una situación y de otra son aquellos que fijan la decisión lógica a tomar, en esto las leyes del entendimiento juegan un rol principal y el sentido de la justicia acompaña a la lógica humana tradicional. Pero en caso que las situaciones sean similares y ya no se pueda preferir un barco al otro, en nuestro ejemplo, nos enseña la Torá que también el acuerdo es una solución legal.

El aspecto legítimo de justicia que nos describe el concepto del acuerdo, no es solo una solución última, cuando no hay otra salida, sino que este acuerdo es la expresión misma de un aspecto de la justicia. Por esta razón, cuando la Torá repite la palabra justicia dos veces, una de estas repeticiones hace alusión a uno de los momentos en que es necesaria la justicia con toda su intensidad, también reflejada en el acuerdo. Procurar la justicia con justicia, es saber también llegar a acuerdos, conocer las igualdad del otro y objetivizar nuestra visión de lo social en la medida y las capacidades que tengamos.

Finalmente estas virtudes serán la base sobre la cual se construye una sociedad guiada por las leyes de la Torá, así al final nuestro versículo termina diciendo: "para que vivas y heredes la tierra". Esa tierra se hereda para aplicar los principios que hemos aprendido.

Resumen de Haftarat Shof´tim

Ieshaiahu (Isaías) 51:12 - 52:12

En la lectura de la haftará de esta semana leeremos la cuarta de las siete profecías de consuelo para el pueblo de Israel, extraídas del libro del profeta Ieshaiahu.

"Yo, Yo soy Quien os consuela. ¿Quién eres tú, que temes del ser humano que morirá y del hijo del hombre que se asemeja a la hierba?" (51:12)

"Yo soy el mismo, no cambié. Yo soy Quien os consuela, y deben saber que este consuelo es verdadero y duradero, pues proviene de Mí. Pero debo preguntarte a ti, pueblo de Israel: ¿Quién eres tú, que temes del ser humano que morirá y del hijo del hombre que se asemeja a la hierba? Tú eres quien ha cambiado. Ya no te reconozco. Cuando te saqué de la tierra de Egipto confiabas solamente en Mí y no temías de pueblo alguno, pero ahora tú temes del hombre, de un ser humano que su vida es tan efímera como la de un vegetal, que hoy está húmedo y con vida, pero mañana estará seco totalmente.

"Dos (desgracias) he aquí que te han ocurrido, ¿quién te consolará?, el robo y el quebrantamiento, el hambre y la espada, ¿con quién te consolarás? (51:19)

El profeta Ieshaiahu nos recuerda aquí los sufrimientos que padeció el pueblo de Israel, y le dice: "¿quién te consolará?", pues no quedó nadie que pueda consolar al pueblo, ya que todos se han levantado en su contra y él ha quedado solitario. Además, al final del versículo le dice: "¿con quién te consolarás?", porque no sólo que nadie puede venir a consolar a Israel, sino que ningún pueblo puede servir de consuelo para Israel, ya que ninguna otra nación ha sufrido las penurias que Israel vivió.

A pesar de que el profeta dice que dos cosas malas le han ocurrido al pueblo, vemos que en el versículo son recordadas cuatro cosas: "el robo y el quebrantamiento, el hambre y la espada". Los comentaristas nos explican que los conceptos "el hambre y la espada" son la explicación de "el robo y el quebrantamiento", pues el quebrantamiento fue la consecuencia del hambre, y el robo fue producido por la espada de los ejércitos que atacaron al pueblo.

Sin embargo, Rabí Iehonatán Aibshitz (1690 - 1764) en su libro "Ahavat Iehonatán", nos explica que en realidad el profeta está haciendo referencia a dos distintas clases de pecados.

El primer tipo de pecado viene como consecuencia de la riqueza, y tiene lugar cuando el hombre que acumula bienes se enaltece y se desvía en pos de lo vano y lo necio para satisfacer todos sus deseos. Y esta clase de pecado evidentemente no tiene relación con la gente pobre.

Pero hay otra clase de pecado que sí puede tener relación con el pobre, y tiene lugar cuando todos los pensamientos acerca de su situación lo llevan a pensar que la suerte en este mundo depende de los astros, olvidándose de que D'os dirige el mundo. Y por cuanto que esta clase de pensamientos son la base para la herejía, en consecuencia, él termina adorando algo que no es D'os.

Pero en una sola persona (o en un sólo pueblo) es ilógico que se encuentren estas dos clases de pecados, pues ellos son la consecuencia de dos situaciones distintas y opuestas.

Sin embargo, el pueblo de Israel en la época del Primer Templo de Jerusalem realmente cometió dos pecados que demuestran una contradicción: por un lado, ellos se desviaron del camino recto y mantuvieron relaciones sexuales con mujeres que les estaban prohibidas para satisfacer sus deseos - y como explicamos, este pecado tiene relación con los ricos - y por otra parte ellos transgredieron la prohibición de la idolatría - y este pecado tiene relación con los pobres - ¿y cómo puede ser que un pueblo (o una persona) tenga una conducta tan irracionalmente contradictoria?

Por eso, el profeta Ieshaiahu - en nombre de D'os - amonestó a los hijos de Israel diciéndoles: "Dos (desgracias) he aquí que te han ocurrido". Ieshaiahu les dijo a ellos que específicamente dos fueron las desgracias que les sobrevinieron, pues ellas fueron las consecuencias de sus dos clases de pecados.

Perla de la Parashá Shof´tim

"Jueces y Policías instituirás para ti en todas las entradas de tus ciudades…" (Devarim 16:18).

El lenguaje de este versículo es extraño ya que las palabras "para ti" aparentemente son innecesarias, pues la Torá podría haber dicho simplemente: "Jueces y Policías instituirás en todas las entradas de tus ciudades…". ¿Por qué la Torá enfatizó que los jueces y los policías que debemos instituir deben ser para nosotros?

De aquí podemos entender que la Torá quiere que cada uno de nosotros sea verdaderamente justo y que no tenga dos formas de "hacer justicia", una siendo permisivo con uno mismo, y otra siendo riguroso y exigiéndole a los demás. La Torá quiere que así como juzgamos a los demás también nos juzguemos a nosotros mismos.

domingo, 1 de agosto de 2010

Parashá Re´e

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Resumen Parashá Re´e

"¡Mira!, Yo he puesto delante de ti hoy, la bendición y la maldición" (D’varim 11.27)

"El perezoso no arará por el frío del invierno, buscará cosecha y no encontrará" (Mishlé 20.4)

Shlomó, el rey, explicó en el libro de Mishlé (Proverbios) el proceso y funcionamiento de todas las buenas cualidades, de manera tal que el hombre pueda alejarse de los comportamientos negativos y acercarse a las conductas deseadas. Entre estas cualidades nos describe la presteza y la pereza, ya que la conducta perezosa es la causa y raíz de muchos males y tropiezos: hay perezosos con respecto a sus viviendas, perezosos con respecto a su cuerpo, perezosos con respecto a su alma y hay perezosos con respecto a la Torá, al cumplimiento de los preceptos y a las buenas obras.

La pereza en la vivienda es causa de muchos perjurios, ya que si por alguna eventualidad se rompe algo en casa de alguien, por ejemplo un daño en el cielo raso, si lo reparara inmediatamente lo podría hacer con un gasto mínimo, pero si deja pasar el tiempo y es negligente finalmente deberá gastar mucho dinero en esta reparación, ya que el daño de seguro aumentará. Shlomó previene a personas de un comportamiento perezoso de tal tipo, ya que esto puede traer consecuencias verdaderamente fatales como empobrecerlos, así él declara:

"A causa de la pereza se derrumba el techo" (Kohelet 10.18)

La pereza cuando se refiere al cuerpo también es algo perjudicial, ya que si la persona idealmente se esfuerza en todo lo referente a su salud, a su alimentación y su alegría por vivir de manera austera, siéndole suficiente la medida media para satisfacer sus necesidades, y no busca bienes superfluos, entonces podrá con facilidad alcanzar lo que desea; pero si incluso esto no procura satisfacer por una simple pereza con él mismo, entonces aunque desee complacerse con bienes materiales no obtendrá nada e incluso puede causarse daños y traer sobre si enfermedades. Como imagen de una realidad así, Shlomo declara:

"Cuando él desea y no hay nada, seguramente ha sido perezoso" (Mishlé 13.4)

Hay quien es perezoso a nivel anímico, en lo relativo al alma, es decir que no se esfuerza en el mejoramiento de sus cualidades y no piensa en corregir aquello que debe enderezar de su propia conducta, todo por una simple holgazanería de tipo anímico, personas tales de espíritus pesados, cuyo movimiento es lento. Esto se compara a las tierras de cultivo, así como hay tierras que son más fáciles de trabajar, también las hay que son duras y cuyo trabajo es muy dificultoso; pero a pesar de esto último el jornalero que la trabaja no debe abandonarla y pensar que mejorará automáticamente, sino que debe esforzarse en ella según sus fuerzas para que se pueda extraer de este suelo alguna producción, sobre esto declara Shlomo:

"Incluso el que solamente se debilita en su servicio (a Dios), termina siendo hermano del destructor" (Mishlé 18.9)

Así ocurre con las almas, hay personalidades más aptas para recibir doctrina con muy pocas amonestaciones y con poco esfuerzo; en cambio hay personalidades difíciles de ser conducidas y de dejarse llevar por el intelecto, cuya mansedumbre es un constante desafío, pero cuando se esfuerzan y tratan de corregir sus cualidades, su alma es como el campesino que con dificultad hace surcos en el pedregal, lentamente pueden atraer esta materia a su optimización, las buenas obras. Debido a esto describe Shlomo lo siguiente:

"Al lado del campo de un perezoso pasé, y al lado del la vid de un hombre carente de inteligencia" (Mishlé 24.30)

Ejemplifica aquí el rey sabio al deseo con un campo, ya que los deseos provienen de los derivados de la materia, y si no los conducimos como es apropiado y dejamos los deseos sueltos sin riendas, las consecuencias serás nefastas. Como abandonar un campo sin trabajarlo, así es el alma sin doctrina, como se declara:

"He aquí estaba todo lleno de espinas, su haz estaba cubierto de ortigas y el vallado de piedras había sido destruido" (Mishlé 24.31)

Existe además quien es perezoso en el estudio de la Torá y en el cumplimientos de los preceptos, si la persona no se preocupa del estudio de la sabiduría divina y no trata de guardar las leyes entregadas por Hashem, haciendo junto a esto buenas obras, cómo podrá construir en este mundo su vida futura, cómo ameritará del mundo por venir.

Así expresa aquí: "El perezoso no arará por el frío del invierno, buscará cosecha y no encontrará", es decir el perezoso no se esfuerza en un momento específico con el esfuerzo necesario de aquel preciso momento, y nuevamente ejemplifica al perezoso con alguien relacionado con el trabajo agrícola, con un labrador que debe arar en los meses del invierno, el tiempo del arado, y que en vez de trabajar holgazanea debido al frió que hace.

Este mundo es como el invierno, el frió apabulla como las dificultades entorpecen el cumplimiento debido, sin embargo es necesario sobreponerse a todas las dificultades de nuestra realidad en este mundo y esforzarnos en mantener nuestro temple espiritual, del mismo modo que el agricultor se sobrepone al frió del invierno y con sus manos apretadas coge el arado para abrir el pedregal. Solamente así, y solamente con estos esfuerzos podremos encontrar la cosecha en el momento que deba aparecer, así como el campesino encontrará su producción, así nosotros humanos encontraremos nuestro mundo venidero.

Lo que dice sobre el perezoso que "por el frió del invierno" se abstiene de arar, es una característica muy común de los faltos de presteza, que cualquier impedimento es un obstáculo mayor, y siempre tienen algún tipo de excusa a su conducta, como se declara:

"Dijo el perezoso: hay un león en el camino" (Mishlé 26.13)

Todos estos ejemplos son traídos por Shlomo para desaprobar las conductas holgazanas de los perezosos, para desprestigiarlos frente al público y evitar de este modo que se dejen llevar por comportamientos negativos. De tal manera crear dentro de las mentes y las expectativas humanas un sentimiento de presteza que defina sus obras y sus finalidades. En cambio alaba mucho el rey sabio a la imagen de la presteza que nos presenta la hormiga, y además describe metafóricamente algunos detalles que acompañan a su actuar:

"¡Ve donde la hormiga, tú, perezoso, ve su comportamiento y aprende!" (Mishlé 6.6)

Nos quiere enseñar que a pesar que la hormiga es uno de los más pequeños seres vivientes, de ella precisamente debe el ser humano aprender conceptos de sabiduría, y seguir sus conductas de presteza. La agilidad específica que la caracteriza es que ella junta en un momento determinado para poder almacenar y comer en momentos que no pueda juntar.

A pesar que la hormiga carece de rey, gobernador y conductor, es decir que no hay en ella actividades supuestamente programadas por el intelecto, sino que todo funciona en ellas por el instinto, incluso así de estos seres podemos instruirnos sobre la virtud de la presteza. Es decir Hashem puso delante nuestro algo en la naturaleza que nos retrae sobre nuestras propias acciones y el modo de corregirlas, así también en los planos anímicos y de mejoramiento de nuestras cualidades.

La cualidad de la presteza, extensamente apreciada por el rey sabio, como hemos visto, es uno de los principales factores que nos pueden hacer obtener el mundo por venir, mientras que la censurada pereza nos puede hacer peder todos los esfuerzos espirituales que hayamos conquistado.

A través de la virtud de la presteza podrá el hombre cumplir los preceptos y le llegará todo el bien y la bendición derivados de este cumplimiento, mientras que la pereza, madre de vicios, le llevará a la perdición y la maldición, la elección está en las manos del hombre.

Así nuestra parashá en su comienzo nos pone directamente frente a estos altos valores y nos entrega la posibilidad de la elección, nos hace partícipes de nuestro destino antes los extremos bíblicamente expresados: la bendición y la maldición.

Resumen de Haftarat Re´e

Ieshaiahu (Isaías) 54:11 - 55:5

Esta semana leeremos la tercera de las siete profecías de consuelo al pueblo de Israel y a la tierra de santidad, extraídas del libro del profeta Ieshaiahu.

"Empobrecida, agitada, desconsolada; he aquí que Yo asentaré con puj tus piedras, y haré tus fundaciones de sapirim". (54:11)

El profeta nos presenta aquí una turbia imagen de la ciudad sagrada. Jerusalem, se encuentra en un estado de empobrecimiento, como una mujer menesterosa cuyo corazón está convulsionado y agitado por todas las aflicciones que ha sufrido, por su destrucción y por el exilio de sus hijos. Pero la misericordia Divina jamás se alejará y D'os le asegura que reconstruirá las piedras de sus pisos con puj - una clase de piedra negra muy cara - además de fortalecer sus cimientos con sapirim - una clase de piedra rojiza, muy cara también.

Sin embargo, inmediatamente después de esta profecía, aparece otra que habla sobre la importancia del estudio de la Torá, como insinuándonos que el verdadero consuelo, necesariamente deberá estar acompañado de la dulzura de las palabras de nuestra Sagrada Torá.

"Oh! Todos los sedientos vayan al agua, así como quien carece de dinero; vayan, compren y coman; vayan, compren sin dinero y sin precio vino y leche" (55:1)

En esta segunda profecía, el profeta Ieshaiahu convoca a todos los sedientos a acercarse a las dulces aguas de la Torá, diciendo que puede ir incluso quien carezca de medios económicos para comprar agua, pues podrá obtener las dulces aguas de la Torá gratuitamente. Quienes realmente tengan apetito por la palabra de D'os, podrán acercarse a los profetas para escuchar sus palabras - que valen más que el vino y la leche - sin tener que pagar por esas enseñanzas que encierran la gran sabiduría de la Torá.

"¿Por qué pagarán dinero sin (recibir) pan y se esforzarán sin que sea para saciar; escúchenme a Mí, y coman lo bueno, y se deleitará con manjares vuestra alma" (55:2)

Ieshaiahu le pregunta al pueblo por qué es que ellos pagan dinero para concurrir a toda clase de cursos, charlas y mesas redondas, donde se estudian o debaten distintas materias que nada tienen que ver con el judaísmo, y que en definitiva no sacian al oyente, ni calman su apetito espiritual. Ellos tienen un alimento sabroso y nutritivo que verdaderamente sacia a la persona, colmando todas sus expectativas y necesidades espirituales: la Torá de Israel.

"Presten oído y vengan a Mí, escuchen y vivirá vuestra alma, y concertaré con ustedes un pacto eterno: las bondades de David, que son firmes" (55:3)

Si el pueblo de Israel se acercaría a la Sagrada Torá, entonces D'os concertaría con ellos un pacto de amor eterno. Él haría que retorne el reinado de la dinastía de David ininterrumpidamente, hasta la venida del Mashíaj (Mesías), y así le retribuiría al rey David por todas las buenas acciones que él había hecho respecto de D'os.

Rabí Iosef Jaim (1834 - 1909) en su libro "Adéret Eliahu" nos explica que generalmente los alimentos son digeridos completamente por el cuerpo después de seis horas, y para quien los compró pagando dinero por ellos, es de alguna manera, como si no hubiera comprado nada, pues después de algunas horas ese alimento ingerido desaparece por completo. Por eso, en el versículo anterior, el profeta Ieshaiahu les dijo: "¿Por qué pagarán dinero sin (recibir) pan", pues un alimento es algo efímero.

Pero alguien le podría preguntar al profeta: "¿Cómo es que tú dices que el pueblo gastó dinero sin recibir nada a cambio, si ellos en realidad sí recibieron pan?". Y es por eso que Ieshaiahu se adelantó y les dijo: "se esforzarán sin que sea para saciar", pues el profeta les explicaría que su intensión es decirles que ellos se esforzaron trabajando duramente para ganar dinero para comprar alimento que no trae una saciedad permanente, ya que ellos nunca podrán saciarse más que algunas horas solamente.

Pero esto no es así con el alimento espiritual, es decir, la Torá y las mitzvot, ya que ese alimento sí es eterno, y por eso el mejor consejo que Ieshaiahu puede darles en nombre de D'os es: "escúchenme a Mí, y coman lo bueno" - es decir la Torá - "y se deleitará con manjares vuestra alma" - en el mundo venidero. "Presten oído, y vengan a Mí, escuchen y vivirá vuestra alma" - una vida eterna. Entonces, como recompensa por esto "concertaré con ustedes un pacto eterno: las bondades de David, que son firmes", pues la futura redención final, no será parcial y temporaria al concluir en otra esclavitud, sino que será una libertad eterna.

Perla de la Parashá Re´e

"Vosotros sois hijos de D'os…" (Devarim 14:1).

Comentó Rabí Shelomó de Karlín:

El pecado más grande de todos, es cuando un judío se olvida de que es hijo del Rey.